Dos pifias
Dos notables pifias de la prensa nacional, por afán de amarillismo, por el deseo egoísta de ponerse por encima de todo medio, aún a costa de la verdad, de la objetividad.
Darío Arizmendi estuvo más de un día entrevistando personas, bomberos, topos, policías, miembros del ejército mexicano ante el supuesto rescate de una infanta con nombre muy azteca, Frida, según su “Película” sepultada por placas de concreto bajo un edificio derrumbado durante el terremoto reciente en el DF.
Vicky Dávila en la W quiso escandalizar al país con un supuesto homenaje al “Mono” Jojoi. Entrevistó políticos, supuestas víctimas, ex-secuestrados y todo lo que fuera necesario para conformar una gran mentira y convertirla en verdad. En realidad se trataba de una invitación de los allegados al ex-comandante de las FARC para su sepelio, donde su propio hijo, según le aclaró a la periodista, se aprovecharía para, en nombre de su padre, pedir perdón por los años de guerra. “Una oportunidad para la reconciliación”, manifestó.
Por lo menos Darío Arizmendi desapareció un par de días, no se escuchó su voz disfrazada de verdad, pero ninguna explicación dio referente a la mentira sobre “Frida”, a quien corrieron a ponerle el mote de “la Omayra mexicana”, sin que existiera, sin que se preocuparan por corroborar la verdad, solamente para tener en la tirante cuerda del amarillismo a la basta audiencia de esta cadena radial engañando a los escuchas. Como era de esperar de los amarillistas, de los negociantes de la tragedia ajena, en ningún momento se le escuchó al señor Arizmendi pedir excusas por su desinformación, ni ninguna autoridad, que se sepa, ha pedido explicación a la cadena o al noticiero.
Las excusas de Vicky Dávila no van a aparecer, primero porque cumplió su interés político, el daño ya estaba hecho y al mejor estilo de su mentor Álvaro Uribe, se trata de lanzar dardos, de lanzar mentiras para obtener réditos electorales y poner a la opinión en contra de la reconciliación de los colombianos, un interés tan oscuro como el nefasto servicio que el expresidente le ha prestado al país con su argumento de que todo vale, incluso el asesinato, incluso la mentira, incluso la conformación de grupos paramilitares, incluso “chuzar” al adversario, incluso robarse el dinero del erario público teniendo de trasfondo los intereses más caros de la patria, que según su entender se confunden con sus egoístas intereses.
Desafortunadamente son los medios quienes convierten a su audiencia en morbosa, en indiferente, en adjudicar características de normalidad a los delincuentes, normal todo lo que signifique amoralidad, normal todo aquello que vaya en contra de las sanas costumbres, y corrompan nuestra juventud, a nuestros niños con mensajes que son como píldoras que introducen en la sopa diaria, porque las proveen al desayuno, al almuerzo, a la comida con tal de convertirlos en consumidores idiotas.
