viernes, 10 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2017-07-24 02:14 - Última actualización: 2017-07-24 02:30

"Don dinero en la independencia"...

Escrito por: Redacción Diario del Huila | julio 24 de 2017

Hay un libro de historia, genial, con humor bogotano, picaresca y chiste –fino-, pero  documentos  incluídos, con los que Arturo Abella nos deleitó hace cincuenta años relatando el camino de los baúles  “p´allá y p´acá “, repletos de pesos, maravedíes y  reales que circularon clandestinamente en las idas y venidas de las casas y patios de españoles y criollos al comienzo – y de pronto desde antes- de nuestra Independencia. Es bueno recordar que a partir de ese 20 de julio de 1.810 las cosas no fueron siempre gloriosas. A los dos años teníamos  a don Pablo Morillo en Santa Marta y cuatro  después entraba de incógnito a Santa Fé, para así organizar el sacrificio masivo de patriotas en los atrios públicos de las ciudades, entre otros en Neiva en la Plaza de los Mártires. De tal manera que los baúles, no todos, regresaron a sus antiguos domicilios.  4 años después, con la Batalla de Boyacá y la gloria de Bolívar coronado de laurel entrando a Bogotá, emprenden estos cofres  otro camino de regreso, esta vez si definitivamente para gloria de la Patria y de los bolsillos de los nuevos y “agradecidos dueños”.

Algo hay que recuerde ahora la Historia Patria con los baúles –llamados en estos últimos tiempos “mermelada” o “cupos indicativos” – últimamente también “caletas”- que de la misma manera van y vienen en los avatares del proceso de “paz” bajo la sonrisa sardónica del Presidente Santos. La historia se repite.  Siempre se ha repetido. Recordemos que los tesoros elaborados por nuestros aborígenes, los indígenas de las tribus artistas y laboriosas fueron a parar “incautados”  o cambiados por espejitos y chucherías por los conquistadores a sus legítimos dueños – que yo recuerde no les extendieron recibo-. Y convertidos en lingotes embarcados para España a costear las guerras de los reyes acosados por Napoleón y sus aliados. Se les quedó un barco, el galeón San José. Lleno de tesoros se hundió en aguas colombianas, allá por los años mil setecientos. En la semana pasada nos dijo la prensa que Santos los repartió “fifty-fifty” con unos gringos. Un mes antes el mismo Santos, ante reclamos de España –habráse visto- declaró que de los tesoros ni pío, porque eran ciento por ciento colombianos puesto que yacían en el fondo de nuestros mares. Pero volvamos a los dineros actuales.
La plata que reparte Santos a sus mermelados para que le aprueben “su Paz” ya no se transporta en baúles ni cofres, ahora camina en silencio, digitalmente, de vez en cuando se imprime sigilosamente en el despacho del amanuense, el Minhacienda, como “cupos indicativos” a cada congresista del SI que cobra su peaje sin dejar rastro y suele terminar en el bolsillo de contratistas incapaces o corruptos  que no hacen bien las obras ( le copiaron en Neiva las mañas al Presidente) ni entregan los alimentos a los niños. Solo que esa platica no es de Santos ni del Ministro. Es de los impuestos y regalías de todos los colombianos que pagamos IVA carísimo, renta,     rodamiento y predial ,etc.     

De lo histórico  solo a Nariño se le hizo juicio – que terminó prácticamente en nada, papeles solamente, y a Santander con lo de Hato Grande no quedó sino el cuento, como si hubieran entrado a juicio en la Comisión de Acusaciones o en el Consejo Electoral. Ud. es la esperanza señor Fiscal Martínez.

 


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