"Don dinero en la independencia"...
Hay un libro de historia, genial, con humor bogotano, picaresca y chiste –fino-, pero documentos incluídos, con los que Arturo Abella nos deleitó hace cincuenta años relatando el camino de los baúles “p´allá y p´acá “, repletos de pesos, maravedíes y reales que circularon clandestinamente en las idas y venidas de las casas y patios de españoles y criollos al comienzo – y de pronto desde antes- de nuestra Independencia. Es bueno recordar que a partir de ese 20 de julio de 1.810 las cosas no fueron siempre gloriosas. A los dos años teníamos a don Pablo Morillo en Santa Marta y cuatro después entraba de incógnito a Santa Fé, para así organizar el sacrificio masivo de patriotas en los atrios públicos de las ciudades, entre otros en Neiva en la Plaza de los Mártires. De tal manera que los baúles, no todos, regresaron a sus antiguos domicilios. 4 años después, con la Batalla de Boyacá y la gloria de Bolívar coronado de laurel entrando a Bogotá, emprenden estos cofres otro camino de regreso, esta vez si definitivamente para gloria de la Patria y de los bolsillos de los nuevos y “agradecidos dueños”.
La plata que reparte Santos a sus mermelados para que le aprueben “su Paz” ya no se transporta en baúles ni cofres, ahora camina en silencio, digitalmente, de vez en cuando se imprime sigilosamente en el despacho del amanuense, el Minhacienda, como “cupos indicativos” a cada congresista del SI que cobra su peaje sin dejar rastro y suele terminar en el bolsillo de contratistas incapaces o corruptos que no hacen bien las obras ( le copiaron en Neiva las mañas al Presidente) ni entregan los alimentos a los niños. Solo que esa platica no es de Santos ni del Ministro. Es de los impuestos y regalías de todos los colombianos que pagamos IVA carísimo, renta, rodamiento y predial ,etc.
