Divorcio entre la fe y la vida
Si hay algo que desdibuja las palabras es la incongruencia de vida, -de eso sí que estamos llenos-. No sé por qué la gente es tan tonta que escucha a quien no es coherente, no solo en el discurso sino también en su conducta. Por favor, no les creamos a los charlatanes, tampoco les contradigamos, es perder el tiempo: es propio de sabios no desgastarse inútilmente con los vacíos de mente. Infortunadamente en casa de ciegos el tuerto es rey. Una de las pérdidas de credibilidad del mensaje cristiano es el divorcio entre la fe y la vida.
Nuestro Maestro no enseñó más con el ejemplo que con la palabra. Vea usted, él no escribió ningún libro; sin embargo, su mensaje impactó hasta el grado que sus seguidores se jugaron la vida por él. Nadie se juega la vida por una idea, se juega la vida por la vida. Jugarse la vida por la muerte es una locura -claro, de locos está lleno el mundo-. ¿Por qué una persona convence? Por el testimonio de vida. Pablo VI decía que “el hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan o, si escucha a los que enseñan, es porque dan testimonio”, carta sobre la Evangelización. A mí me molesta mucho escuchar a quien no tiene autoridad moral para hablar.
A mí no me deslumbran los pergaminos sociales, académicos o títulos valores de poder económico. A mí lo único que me deslumbra es la conducta coherente de una persona; incluso admiro a quienes piensan distinto pero son coherentes; no me importa su pensamiento, lo demuestran con su vida. Los demagogos abundan a granel; tan fácil es programarle la vida a los demás y usted no es capaz de programar la suya. Hay gente que se la pasa haciendo nada y “su espacio” lo llena comentando una cantidad de sandeces. ¡Ah, la ignorancia cómo es de atrevida! Cuántas veces usted vive lanzando piedras al techo del vecino cuando el suyo es de vidrio. ¿Por qué prosperan los líderes populistas? Porque encuentra gente ingenua, sin criterio. La gente entre nosotros no lee, se queda con los titulares, no profundiza, como quien dice: oye cantar el gallo pero no sabe dónde. Una gente desinformada es el mejor caldo de cultivo para que reinen los charlatanes. El hombre contemporáneo vive en la cultura “light”, una cultura sin profundidad, superficial, volátil; como decía Bauman, una “sociedad líquida”.
Por ello se encuentra gente tan atrevida. Una sociedad desinformada es manipulada fácilmente: por ello tienen tanto “éxito” los demagogos. La opinión pública hoy es muy manipulable, ¿por qué? Por ignorante y mal informada. ¡cuidado con las masas! Son hordas sin Dios ni ley, por donde pasan todo lo arrasan; están llenas de viscerales y resentidos, actúan por lo que sienten, no por lo que piensan. La educación debe estar enmarcada por el pensamiento crítico: hay que enseñar a pensar, enseñar a construir pensamiento. No olvidemos que es mucho mas fácil destruir que construir. ¡Cuidado, esta es una ciudad iconoclasta! Se avecina un nuevo régimen del terror.
