viernes, 10 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2017-10-05 01:23

División fasho

Escrito por: Diógenes Díaz Carabalí
 | octubre 05 de 2017

Cada día hay más puntos de encuentro entre Uribe y Vargas, y uno se pregunta por qué, de una vez por todas, no se produce esa juntura al parecer biológica de estos dos especímenes de la recalcitrante derecha criolla. Esa unión pondría a los odiadores del Castro-chavismo muy felices, aseguraría la gloriosa república soñada por los hermanos Castaño y permitiría que en Colombia perdurara por siempre “el trabajo honrado”, que se sustenta en la concentración de la tierra en pocas manos, en gestión empresarial bajo la injusta explotación de la mano de obra barata, con jugosos auxilios tipo “Agro-ingreso Seguro” para los dueños del gran capital y normas exceptuantes de tributación para grandes empresarios.

Pues para decepción de quienes viven acariciando la cacha de un revolver, con el dedo dulce para dispararle a la “amenaza comunista”, esa unión no es tan fácil y por lo menos no se va a dar en las primeras de cambio. Para Uribe y sus hijitos vendedores de manillas (que ahora figuran en el ranking de los más ricos del mundo) les interesa sobre manera sustentar su poder en la concentración de la tierra;  mientras que Vargas representa el poder de la industria y los servicios, para quien es importante la construcción y el transporte, visiones económicas muy diferentes que en el encaje del neoliberalismo tiene sus bastas diferencias: la primera sustenta su poder en recursos primarios; la segunda en la elaboración y los servicios, manteniendo siempre amplios márgenes de mano de obra libre para que sea barata, controlados índices de inflación y amplios poderes en organizaciones privadas confesionales y no confesionales.

Eso sí, al final se unirán. Harán un pacto “patriótico”, depondrán intereses “egoístas” para ponerse a nivel de los más loables beneficios de la nación. Crearan linderos donde quede saldada la diferencia, previo acuerdo y repartición de intereses. Entonces, el manejo político quedara en manos del redentor, junto a los asuntos agrarios, pesqueros, mineros y del medio ambiente; mientras que la macroeconomía, la relación con los gremios y el sustento de la fuerza será mantenida en manos del ganador, y para dar un tenor democratero la política laboral será disfrazada con un dirigente sindical o un izquierdoso con ambición de blasón ministerial. Nada cambiara porque la derecha es alérgica al cambio. Para mantener ese Status Quo mantendrá pírricos subsidios, regalará alcancías como vivienda, fomentará una educación mediocre. No habrá nuevos cupos en la universidad, ni mejoras laborales y salariales a los maestros; no facilitaran la paz con contradictores armados heroísmo, ni habrá política clara antidrogas. Será un total centralismo disfrazado de patriotismo: no les interesará El Amazonas, ni las fronteras, ni la plataforma marítima; su idea estará centrada en su núcleo económico, su razón de ser, su mayor ambición.

Conclusión: No pasará nada en un gobierno fasho de Uribe o de Vargas; todo su esfuerzo estará en “combatir el Castro-chavismo” que nadie sabe qué es, a pesar de que procesos autónomos han desarrollado a Ecuador, Perú, Panamá años luz de nosotros.


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