Dimensiones de la pandemia
Poco a poco la humanidad va aprendiendo las lecciones que a fuerza de su crecimiento exponencial y gravísimas consecuencias nos esta enseñando la pandemia.
La afectación sobre la salud y la vida humana es sin duda la más aleccionadora, en cuanto que su vertiginosa expansión y su impacto en los sistemas de salubridad, han desbordado con creces cualquier previsión al respecto.
Por otra parte, la parálisis que en un altísimo porcentaje ha causado en la actividad productiva; en el sistema económico y financiero; con consecuencias inevitables en el empleo; están exigiendo medidas de emergencia en los bancos centrales y en los organismos multilaterales de crédito, las cuales habrán de causar, más temprano que tarde, trascendentales decisiones dirigidas a establecer un nuevo orden económico mundial.
El avance tecnológico y científico alcanzado por el ser humano en los últimos 30 años así como el desarrollo económico sin precedentes; está siendo seriamente desestabilizado por el virus; en una coyuntura en la que los liderazgos políticos, sociales y culturales son duramente cuestionados por los ciudadanos de la aldea global a través de su masiva presencia de las redes sociales.
La dimensión que claramente se observa se puede relacionar con dos aspectos fundamentales. El primero, tiene que ver con la espiritualidad del ser humano; el cual, sin duda alguna; trasciende al segundo; que lo constituye la dimensión material, comprendida ésta en el desarrollo inusitado de la ciencia, la tecnología, la producción económica y los excesos culturales que han cambiado sustancialmente los valores éticos y morales.
La codicia por el dinero y el poder económico y político han llevado al ser humano a sustituir la idea trascendente de su indiscutible dimensión espiritual, implícita en conceptos esenciales como el respeto a las tradiciones culturales, al derecho natural, a la solidaridad y equidad sociales; ahora reemplazadas por el lucro, los balances y los rendimientos de las acciones en las bolsas de valores.
Es evidente entonces que la pandemia debería constituir un oportuno momento de reflexión para que el ser humano replantee su relación con la naturaleza y sus inevitables relaciones económicas, culturales y sociales. Pero al tiempo, volver su mirada al Dios Creador del universo de donde proviene y a donde está destinado a regresar.
La lección para nuestra sociedad colombiana es imprescindible. Pasa por entender que nunca podremos superar nuestras propias dificultades; sin que aceptemos modificar nocivas conductas como el individualismo; la falta de disciplina personal; el dogmatismo político; la intolerancia y la ausencia de solidaridad social; sin los cuales es imposible construir una conciencia colectiva que nos una hacia metas y propósitos comunes.
Los esfuerzos personales e institucionales que de manera honesta, serena pero firme, tolerante y convivente, está haciendo el Presidente Duque; merecen el apoyo franco y decidido de todos los colombianos, empujando la carreta del destino nacional todos para el mismo lado, sin que intereses mezquinos le coloquen palos a las ruedas.
A propósito de la dimensión espiritual, transcribo unos renglones del Papa Emérito Benedicto XVI en su obra JESUS DE NAZARET: “Organizar el mundo por cuenta propia, sin Dios, confiar en lo propio, reconocer la realidad solo a los hechos políticos y materiales y apartar a Dios como si fuera una ilusión, esta es la tentación que nos amenaza adoptando múltiples figuras”.
