Día sin carro en Neiva
Sin rodeos tengo que expresarle a la Administración de Neiva mis congratulaciones por la acertada determinación de disponer el martes último como el Día sin carro y sin moto.
Para algunas personas puede haber sido un desacierto. Eso suele pasar con las decisiones en lo público. Según los medios de información local y regional, los comerciantes vieron afectados de manera negativa sus ingresos, sus ventas. Lamentablemente ellos, algunos, en ciertas circunstancias, solamente tienen para evaluar lo que toca con el maldito dinero, más allá de cuanto significa ponerle un mínimo freno, por pocas horas, a la abrumadora, sofocante y lesiva contaminación ambiental y auditiva. Se olvidan que estas medidas van a beneficiar, así sea en mínimo grado, pero en algo, a sus descendientes, a sus hijos y nietos, a su heredad.
Acudiendo a las ingeniosas definiciones del líder Guillermo Plazas Alcid, esto fue como el agua aromática, que si no hace bien, tampoco hace mal.
Neiva era otra cosa el Día sin carro. Andar por las calles de la zona centro sin estar siendo víctima de los ‘conciertos’ de pito de motos y carros, públicos y privados, fue una maravilla. Se sentía uno en una aldea, en un poblado amable, en un pueblo civilizado, respetuoso del derecho a la tranquilidad que debe cobijar a todos los ciudadanos.
Este, quisiera uno pensar, puede ser el principio de disposiciones colaterales como la del ‘pico y placa’ para las casi cien mil motos que circulan por la capital del Huila y los municipios circunvecinos. Tan elevado número de motocicletas no sería preocupante si sus conductores tuvieran un mínimo de educación y cultura para conducirlas. Pero la realidad es otra. Con excepciones, que las hay, los motociclistas son irresponsables, insensatos y se ‘toman’ las calles como si fueran los únicos con derecho a circular. Qué decir de centenares de jóvenes que con la complicidad de sus acompañantes, después de ingerir abundantes dosis de alcohol, se dan a la aventura de ser los ‘meros machos’ y terminan de portada en los periódicos amarillistas de la región. Las cifras sobre muertes generadas en virtud de la accidentalidad en motos nos relevan de cualquier debate.
Además, debe pensarse desde la Administración de Neiva en la inaplazable cruzada pedagógica en las instituciones educativas para enseñarle a los niños y a los jóvenes los preceptos establecidos en la
normatividad de tránsito, transporte y movilidad. Ellos, a partir de esa capacitación serían los únicos que podrían poner freno a las arbitrariedades en que incurren sus padres, familiares y amigos adultos. Por esa ruta le cambiaríamos mucho la cara a la ciudad.
