Desempleo rural, con todas las aristas
Por: Juan Carlos Domínguez
“No se consigue gente para trabajar”. Comentó un floricultor de la zona de Rionegro (Antioquia) ante sus ingentes esfuerzos por conseguir trabajadores para sus cultivos. “La gente no tiene que venir hasta acá, los buses los recogen y los dejan en la plaza del pueblo, se les da su almuerzo, bebidas y merienda, ¡Y ni así!”, se quejó el empresario de las flores.
¿Qué pasa? La gente no trabaja porque busca cómo hacer el menor esfuerzo, mientras que los empresarios -en la generalidad - tratan de ofrecer lo mejor a sus trabajadores.
Para el caso de los trabajadores, en el sector rural la gente ha preferido vender minutos de celular en las esquinas, dedicarse al comercio informal o como dependiente de un almacén, lo que termina por convertirse en una buena oferta para el dinero fácil que traen el narcotráfico, las bandas criminales y la prostitución, entre otras actividades ilegales.
Este es el termómetro que mide la escasez de oportunidades en la ruralidad mientras crece el desempleo entre los que se quedan, mientras que la migración a las ciudades o fuera del país es la mejor opción.
Los empresarios de hoy, en la mayoría de los casos, son personas preparadas académicamente y hacen parte de ese grupo de los que creen en el país y en la producción rural, convencidos de que allí está el progreso económico y social.
Pese al impulso innato deben enfrentar varias debilidades: las obligaciones fiscales y parafiscales, la preparación de la mano de obra, pues hay profesionales están dispuestos a hacer lo que sea por bajos salarios y gente sin preparación que busca algo qué hacer. A estas debilidades se suman amenazas como la inseguridad y los bajos precios de sus productos (por sobreoferta, importaciones y contrabando), lo que se traduce en baja rentabilidad.
Vale la pena destacar que, en Colombia aún quedan esos empresarios como los que en su momento inspiraron la famosa canción de Lisandro Mesa (El Jornalero), pues tratan a sus trabajadores como esclavos.
Por último, los aportes del Gobierno y la empresa privada para frenar el desempleo rural están en la conectividad y las inversiones en infraestructura, así como el mayor cubrimiento de los sectores sector salud y educación.
El tema del desempleo y la falta de oportunidades en el campo merece todo un libro, porque son muchas y variopintas las causas de que hoy la oferta no sea la mejor para lograr lo que se reclama de todo negocio lícito: mayor producción y productividad y rentabilidad que genere riqueza.
