Desadaptados sociales
A través de los medios de comunicación, la sociedad colombiana quedó sorprendida de los actos vandálicos protagonizados por algunos desadaptados sociales que aprovecharon las protestas sociales que se desarrollaban el pasado jueves en algunas ciudades del país. Bien conocidas y, sobre todo, sufridas por los habitantes de Bogotá, en especial, las consecuencias de las manifestaciones públicas, en las que participaron, de una parte, estudiantes y profesores que piden al Gobierno más dinero para la educación pública y de otra, sectores sindicales que expresan su descontento ante la implementación de acciones gubernamentales, que van en contra vía del bienestar de la población colombiana.
Las marchas en Bogotá, que comenzaron con cantos y bailes, pasadas las 9 de la mañana, terminaron después de las cuatro de la tarde con ataques a piedra a la Catedral Primada de Bogotá, la quema de las mallas negras que cubrían la estructura y vandalismo contra los edificios del centro de la ciudad. Igualmente, la destrucción de las losas de la Plaza de Bolívar para atacar la Fuerza pública. Cinco buses fueron vandalizados con vidrios rotos y grafitis en los muros de los edificios y monumentos históricos.
Si bien las libertades son sagradas, así como los derechos de los demás, y cada uno puede tener su interpretación de lo sucedido. Pero no está bien que se utilicen las redes sociales para promover manifestaciones de inconformidad, con el fin de destruir los bienes públicos y para atacar violentamente a la Fuerza Pública, como pudimos observar en la televisión colombiana y en los dispositivos virtuales. Era deprimente ver el estado como se atacaba brutalmente a la Fuerza Pública, utilizando armas no convencionales. Igualmente fueron atacadas a piedra la Catedral Primada de Colombia, la quema de las mallas negras que cubrían la estructura y vandalismo contra los edificios del Centro de la capital de la República.
Más grave aún que algunos dirigentes de la oposición estuvieran promoviendo y defendiendo el actuar con su silencio hipócrita que los caracteriza, de estos actos que van en contravía y que desdibujan la realidad de los objetivos de la protesta pacífica como se presentó en algunas regiones del país.
De cara a este panorama, hay que ser enfáticos en condenar las vías de hecho como sustituto de las instancias y mecanismos que la Constitución dispone para la participación ciudadana. Aquí no puede haber espacio para matices. Es pertinente también solidarizarse con las familias de los agentes de la Policía Nacional y de los propietarios establecimientos comerciales que salieron afectados. El camino es el de la sindéresis y el rechazo a las visiones dogmáticas y cerradas.
