viernes, 03 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2019-09-28 04:22

Derecho sociedad y cultura

Escrito por: Amadeo González Triviño
 | septiembre 28 de 2019

Un gran dilema ha surgido en las estructuras de la Universidad Surcolombiana, con ocasión de la protesta que adelantan algunos estamentos de la Facultad de Derecho de la sede principal y con ocasión de la apertura de actividades en la sede del Municipio de Garzón, hasta el punto de que se advierta que de darle continuidad al proyecto de la facultad en este municipio, la Universidad se expone al cierre del programa en todo el Departamento.

Los interrogantes se centran en torno a la forma como la Administración universitaria adoptó las políticas educativas y sobre todo, el cumplimiento de las exigencias y patrones de comportamiento académico exigidos por el Gobierno Nacional, a través de las instituciones que se encargan de manejar el aval de las instituciones de educación superior, en tanto que por algunos sectores hacen aspavientos de que todo ha sido parte de un proceso soterrado de politiquería o de cumplimiento de promesas que se vuelven irrealizables, cuando de fomentar y apoyar el proceso educativo se trate.

Es menester que este fenómeno realmente se aclare, porque el camino no es la educación ofertada sin sentido y sin proyecciones como lo hace cualquier gobernante politiquero, la Universidad no es y no puede ser, un artículo que ofrece alternativas de educación por sí solas como una mercancía que entre a formar parte de ese fenómeno propio de la obsolescencia consumista.

No olvidemos que la academia no puede estar supeditada a procesos políticos, o a que se presente su existencia por favorecimientos con ciertos sectores políticos. La Universidad debe corresponder a estructuras debidamente diseñadas que reconozcan las falencias y provoquen la movilización de la satisfacción de las necesidades de las comunidades, que trasciendan los espacios de las cuatro paredes de un aula de clase y que se proyecten al entorno social, a la comunidad en general contribuyan a resolver los problemas que se viven en sociedad, proyecten mecanismos idóneos para fortalecer el camino de la nueva oferta académica y transmitan los principios de ética, moralismo, profesionalismo y cultura que tanto se han perdido en el rol del sector público y privado de hoy en día.

En estos temas del DERECHO, nos identificamos con un trino de un académico, docente universitario y miembro de una corporación judicial, a razón de Magistrado de Tribunal, quien advierte y recomienda entre otros aspectos, que la forma de ser un buen Juez de la República apunta como primera exigencia: “No lean sólo derecho; más aún, no lean tanto derecho; denle opción a la poesía, a la literatura, a la historia, a la ciencia.”

La ausencia de la práctica de éstas formas de cultura, en quienes se dicen, son los encargados de la Administración de Justicia, hacen parte de una política institucional que se ha encerrado en artículos y textos de códigos que impide a los funcionarios judiciales, a muchos abogados y especialmente a los recién egresados de las facultades de Derecho, a no reconocer el mundo de la cultura que les rodea y a despreciar todas las demás manifestaciones propias del ser, que constituyen la fuente inagotable del Derecho y de sus múltiples facetas que han de servir de guía en la construcción social a la que pertenecen, amén de una cultura acorde con la realidad social y espiritual que tanto se ha perdido en nuestro medio para poder tener lectura crítica, pensamiento crítico y especialmente ser asertivos en la toma de decisiones que hayan de adoptarse.