jueves, 09 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2017-12-09 01:52 - Última actualización: 2017-12-09 01:53

Democracia y corrupción

Escrito por: Amadeo González Triviño
 | diciembre 09 de 2017

Nuestro Estado Social de Derecho, ha establecido unos parámetros claros y muy bien definidos, mediante los cuales, la corrupción es la fuente y el soporte en forma recíproca, de lo que se denomina como democracia participativa y pluralista.

Está debidamente organizado en forma independiente las ramas del poder público, y los entes de control, de tal manera que cada uno de ellos, son focos internos dentro de los cuales, los presupuestos y la forma de acceder a sus cargos, están interrelacionados hasta el punto, de que así se capture y se prive de la libertad a unos o a todos, ellos siguen devengando sus ingresos y aprovechándose de los recursos que han sido fruto de sus delitos, pues no existe forma o manera de pensar en el desbordamiento de la ley, por cuanto, así cada grupo institucional ha procedido a darse sus fueros y sus prebendas, sin mancillar al otro o a los otros.

El ejecutivo tiene la mermelada o los auxilios o las formas de participación que asigna a los congresistas, para que éstos se encarguen de hacer los mandados o de participar del presupuesto que se aprueba para la inversión social o para el mantenimiento de la burocracia, y la Justicia cuyas decisiones se cuestionan a diario, se encargan por su parte de darle permanencia y mantener vigentes, las formas de organización política que se escudan en los delitos de cuello blanco o en las ventajas y prebendas con las que cada uno se identifica, para mantenerse en el poder.

Ahora vienen elecciones y como cosa curiosa, el pueblo ha de elegir y volver a elegir y mantener a los mismos en sus puestos de honor, no por sus méritos, sino por la forma de engañar y de mentir, de generar compromisos con la corrupción, y por qué no  con el delito y con el crimen. Así de sencillo, sin importar las formas de acceder y de comprometer el ejercicio de la política o de la lealtad con los elegidos.

Y de que lealtad podrá hablarse, cuando el interés mezquino y personalista es el caballito de batalla con el que se arropa la clase política, para mantenerse en los puestos de vanguardia y para obtener el consenso nacional en la distribución de los pocos auxilios que aún quedan vigentes en un Estado de Derecho, que ha pasado a la mendicidad y ha transformado todas las estructuras del poder en epicentros familiares que se perpetúan y se inclinan de rodillas frente a los inversionistas extranjeros o ante los capitalistas, banqueros o comerciantes criollos.

Este país seguirá siendo la base de una democracia participativa y pluralista, en la medida en la que los elegidos puedan cíclicamente apropiarse del presupuesto del Estado, puedan participar en la creación de las normas de regulación de los comportamientos sociales, que se imponen hacia los otros, pero que no aplica para ellos, y cuando los entes de control, elegidos por ellos mismos, encuentren irregularidades en sus desempeños, reciban la contraprestación necesaria para dejar las cosas y mantener las mismas, sin sobresaltos y sin cambios, como debería de ser.

Que la corrupción es inherente a la democracia, claro que sí. Que sin corrupción la democracia no funciona, sin lugar a dudas, así es. Todo por qué. Porque la institucionalidad se ha despedazado de tal forma, y en tal grado, que no es posible preservar o rescatar ninguna de las ramas del poder público, de este desangre y desmoronamiento social integral al que hemos llegado, y con el cual, tenemos que resignarnos, hasta cuando explote un gran movimiento social, que nos haga volver a la realidad y nos lleve a repensar en este país, que por lo visto, no son las urnas. Pues hasta los sectores de izquierda o de pensamiento más avanzado y que buscan soluciones a este país, han caído en el personalismo y en el falso cuestionamiento de una transparencia o de una pulcritud política, que no se encuentra y no se concibe hoy en día, en quienes son sus representantes u opciones ciudadanas por elegir.


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