Defendamos las cajas y las cesantías
Desesperados se encuentran los conglomerados económicos del país, porque las propuestas que le han planteado al gobierno nacional para modificar la estructura tributaria, laboral, social y disminuir algunas prebendas que han logrado los trabajadores a través de las luchas sindicales en otrora, no han tenido eco en las altas esferas del legislativo, ni en la opinión pública. Además, la crisis social y económica que vive actualmente la sociedad colombiana, así no lo quieran reconocer el alto equipo económico del presidente, se han convertido en el centro de las motivaciones para que se hayan desencadenado las más grandes protestas sociales en el país durante los últimos cinco meses.
Todos conocemos que cuando se desarrollaba la Campaña Presidencial de Duque comprometió su palabra de no presentar nuevas reformas tributarias durante su mandato. Lo anterior no se compadece con todos los colombianos, si el aumento de los ingresos del salario mínimo no alcanza para cubrir el incremento del nivel de precios.
Por este motivo, luego de la descabellada iniciativa de algunos gremios económicos de eliminar las contribuciones de las empresas a las Cajas de Compensación Familiar y de los empresarios que proponen poner fin al pago de intereses de las cesantías, como lo propone la ANIF, con el sofisma de distracción y la retórica barata para reducir el desempleo, no ha tenido eco.
Esta idea nefasta que busca afectar el bienestar de la sociedad colombiana y mejorar las tasas de ganancia de los empresarios, no se ajusta a la verdadera realidad social y económica que actualmente atraviesa el país. El génesis de esta problemática se presenta por otros factores. Somos espectadores cuando recorremos los centros comerciales de la ciudad, donde observamos que algunos almacenes y locales, se encuentran en liquidación y otros no han podido reabrir sus puertas, por los altos costos de operación y la baja demanda de bienes y servicios que se ha convertido en una constante, en todo el territorio nacional.
La aplicación incoherente de los instrumentos de la política macroeconómica por parte del gobierno nacional, van en contravía del esfuerzo titánico, que realizan algunos emprendedores que se atreven a crear empresa. No hay derecho que se le siga esquilmando los bolsillos al pueblo colombiano, con las tres reformas tributarias que, durante los dos últimos dos periodos presidenciales, se han implementado. Además, el aumento sucesivo, sistemático y mensual de los precios de los combustibles, están generando una progresiva disminución de la capacidad de pago de la sociedad colombiana. Además, es oneroso el costo del dinero que pagan las familias colombianas cuando se atreven a comprar mercancías.
