Decidir en tiempos de crisis
Por José Luis Anaya Cabrera
Comprender las decisiones que deben tomar los gobernantes, aparentemente y de acuerdo a los cientos de comentarios a diario publicados en redes sociales, es un oficio del que muchos ya se consideran expertos, por supuesto, esta experticia es apoyada en lo dialéctico y extenso que han sido los fenómenos políticos y sociales en Colombia.
Existen muchas teorías que intentan ilustrar la imperfección de la democracia, se dice que en el pasado, cuando los dirigentes querían evadir responsabilidades previendo consecuencias indetenibles que se aproximaban, decidían preguntar a su pueblo las decisiones a tomar, de tal manera que esa inevitable consecuencia fuese exclusivamente culpa del pueblo y no del dirigente.
El caso más conocido de este tipo se encuentra en La Biblia, cuando Poncio Pilatos, de acuerdo a la tradición, durante la Pascua debía perdonar a un preso sentenciado a muerte, por lo que decidió que el pueblo escogería entre Jesús y Barrabas, ya conocido el desenlace, el pueblo escoge a Barrabas y Pilatos literalmente se lava las manos. Con este hecho, en teoría se demuestra la imperfección de la democracia y se le da un significado distinto al ejercicio de lavarse las manos, comentario aparte, ambos vigentes a la fecha, es decir, aun se sigue demostrando la imperfección de la democracia y los dirigentes siguen lavándose las manos.
Creo que uno de los mayores conflictos de la democracia es que el pueblo es “convencido” por las propuestas de un candidato, y si estas propuestas son del agrado de la mayoría, la mayoría vota por dichas propuestas y su candidato, pero el problema radica en que las decisiones a tomar sobre un estado, departamento o municipio, no precisamente deben ser del agrado del pueblo, como cuando éramos chicos y nuestros padres tomaban la mejor decisión para nosotros sin nosotros estar de acuerdo, en realidad, si las propuestas y decisiones son del total agrado de las mayorías, algo raro está pasando, sobre este fenómeno también se ha dicho mucho y es conocido como populismo.
De acuerdo a todo lo anterior, la presente columna de opinión trae consigo dos invitaciones, la primera, dirigida a los mandatarios a manera de súplica, solicitando estudiar con rigor las decisiones a tomar respecto a la cuarentena y la apertura de la economía, el conflicto entre conseguir el sustento y evitar el contagio, tiene soluciones y alternativas, pero claramente estas no deben ser del agrado de las mayorías aunque sus beneficios sí.
Y la segunda, a la ciudadanía, quisiera aclarar que las crisis tienen unos principios, pero el más importante y el que debiese ser más recordado, es el de temporalidad, las crisis ante todo tienen un principio y un fin, y en este caso en particular como ciudadanos nos corresponde seguir los lineamientos de quienes nos dirigen y resistir.
