jueves, 02 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2020-04-11 05:08

De Tucídides al Coronavirus: lecciones para todos

Escrito por: José Eliseo Baicué Peña
 | abril 11 de 2020

La plaga de Atenas, en la que murieron 150 mil personas, ocurrida en el año 430 a. de C., es descrita por el historiador Tucídides, en su obra La Historia de la Guerra del Peleponeso, como una enfermedad originada en Etiopía, que atravesó Egipto y Libia, y llegó a Grecia, en donde mató a miles de personas, entre las que se cuenta el político y orador Pericles.

Este hecho, es una muestra fehaciente de que la historia de la humanidad ha estado marcada por pandemias.  Se habla de más de 20 enfermedades de este tipo, entre las que se destacan las cinco más letales: la viruela, que mató a 300 millones de personas; el sarampión, que acabó con más de 200 millones de seres humanos; la gripe española, les quitó la vida a 100 millones; la peste negra, exterminó a 50 millones; y el sida, que ha matado a 35 millones aproximadamente.

Podríamos afirmar, entonces, que los grandes asesinos de la historia han sido las bacterias, los virus y las plagas.  Esos seres minúsculos que, de una u otra manera, han atacado al hombre implacablemente, y éste, inerme se doblega ante su gran poder de afectación. 

Hoy el mundo, casi que se ha rendido nuevamente ante la pandemia generada por el Coronavirus.  En plena sociedad del conocimiento y de la información, en una época marcada por el internet de las cosas, la tecnología de punta, la era de la inmediatez, el momento del genoma humano, los albores de la cuarta revolución industrial, una época en la que se han roto las barreras del tiempo y la distancia, y en la que, abrumadoramente, lo que ayer fue moda, mañana puede resultar obsoleto, el hombre es incapaz de enfrentar esta pandemia de forma efectiva y rápida. 

Es decir, el mundo moderno no está preparado para contrarrestar este tipo de afectaciones pandémicas.  ¿No les parece paradójico? ¿En medio de tanta tecnología? ¿O será que las prioridades investigativas se centran más en el espacio, en descubrir más el universo, mientras millones de personas mueren de hambre, desnutrición, y otro tanto pasa toda su vida sin saber leer ni escribir?  ¿O acaso, será un juego consistente en crear virus, y luego sus respectivas vacunas?  … ¿y a quiénes les interesa esto?

Bueno, independientemente, de dónde haya surgido este virus, tema para otro artículo, lo cierto es que ha cambiado los modos de vida de millones de personas. A la fecha de escribir este artículo, la cifra de muertos en el mundo se eleva a 98 mil, sin contar los contagiados que oscilan entre un millón quinientos mil. 

Creo que también han cambiado los modos culturales, la noción de espacio/tiempo, los sitios de encuentro, los no lugares; ha resurgido la valoración del otro, estamos destacando más al profesional de la salud, a los empleados de los supermercados y tiendas, a los que llevan el domicilio, al taxista, al vigilante, al recolector de basuras.  ¡Qué agradable disfrutar de estos servicios en mitad de la pandemia!  ¿Verdad?

La pandemia ha obligado a volver al diálogo familiar, al mirar a los ojos, al face to face, al encuentro y al reencuentro, ha vuelto a la atención de nuestros padres y abuelos, y ha enseñado que todos somos miembros de una aldea global como lo pregonó Mc Luhan, a que todos somos una familia y que habitamos la misma casa-planeta.

Este virus nos ha enseñado, también, que todos somos iguales. Que todos somos humanos, seres interdependientes.  Cómo cobran importancia hoy las personas de estos oficios descritos, en comparación con alguien con dos pregrados, dos maestrías y experto en idiomas, quien tiene que quedarse en casa mientras los otros deben salir a trabajar para que nosotros estemos bien. Cuánta falta nos hacen los campesinos, los boxeadores de periódicos, el vendedor de frutas, los desplazamientos por los campos y el lustrador de zapatos. 

Por supuesto, que el llamado también va para los gobiernos y el Estado.  Urgen políticas públicas sobre bienestar comunitario, sobre salud pública, sobre atención primaria en salud, sobre respeto a los derechos humanos, sobre libertad de opinión, sobre el valor de la diferencia y la independencia de color político. 

Claro, que la historia también dice que después de estas crisis de salud, surgen grandes medidas restaurativas. Ojalá, termine pronto esta pandemia, y ojalá sean reales, también, los beneficios.

Es preciso tomar conciencia de que todos somos vulnerables, que no somos el centro del universo, y que todos somos iguales.  Tremenda lección de humildad deja el coronavirus.