viernes, 10 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2017-10-27 01:05

De todo un poco

Escrito por: Ernesto Cardoso Camacho
 | octubre 27 de 2017

Ante la vertiginosa dinámica de los sucesos que ocurren diariamente en el país sobre todo en relación con el proceso de paz y su implementación y con el debate electoral del 2018, resulta inevitable seguirles el pulso de manera muy concreta para plantearlos en una columna de opinión.

La paz y su implementación han entrado en una verdadera y preocupante crisis, pues es evidente el crecimiento de las llamadas disidencias de las Farc que buscan proteger su retaguardia armada como osada estrategia ante un eventual fracaso del proceso y para proteger su lucrativo narcotráfico.

En relación con la entrega o dejación de armas el gobierno tuvo que expedir un nuevo decreto ampliando el plazo por seis meses para retirar el material de guerra que guardan en las 228 caletas que aún no han entregado.

La ley Estatutaria de la JEP sigue estancada en el Congreso y acaba de recibir una seria observación de la Fiscal de la CPI en 4 puntos sensibles de su articulado; además de la conocida oposición de las bancadas del CD y de CR, en dos puntos esenciales como son el que la participación política y el ingreso a curules previstas en el AF no podrán ejercerlas hasta tanto no concurran a la JEP quienes estén sindicados de delitos de lesa humanidad y sean absueltos o condenados y en éste último evento, además, hayan pagado sus penas alternativas allí previstas; y que cumplan el compromiso de entregar las rutas del narcotráfico, sus redes de comercialización y la erradicación total de las áreas sembradas que se incrementaron de 80 mil hectáreas a 170 mil entre 2014 y 2017, es decir, durante las negociaciones en la Habana.

Esta última objeción tiene una especial connotación con el blindaje de la NO extradición al haberse aceptado en el AF que el narcotráfico sea delito conexo con el de rebelión. No en vano persiste la posición del gobierno norteamericano de descertificar a Colombia en la lucha contra tal flagelo.

En relación con el proceso electoral los sucesos son todavía cambiantes e impredecibles.

La U se queda sin candidato presidencial y esta forzado a coaligarse con el que resulte de la consulta liberal del 19 de noviembre, es decir con De la Calle; o alternativamente con quien gane la nominación de la alianza de Fajardo, Claudia López o Robledo, pero todo indica que en esa alianza el escogido será Fajardo por su viabilidad política.

Vargas Lleras mantiene dificultad para encontrar aliados y aunque ha logrado estructurar apoyos clientelistas regionales, al no encontrar un aliado importante corre el riesgo de no pasar a la segunda vuelta, razón por la cual, ha pretendido, por una parte desligarse del gobierno Santos pero éste lo sigue llamando su “ leal amigo “; y por otra parte se movió hacia la tésis uribista de modificar puntos esenciales del AF, quizá con el propósito de captar votos de ése sector que sin duda alguna ha sido coherente en su postura crítica hacia el AF.

Pero al tiempo, el CD sigue esperando con habilidad estratégica que corra más agua bajo el puente, mantiene la expectativa del candidato “ que diga Uribe”, a la cual podrían ingresar dos pesos pesados como Oscar Ivan Zuluaga y Luis Alfredo Ramos, quienes llegarían oxigenados por su evidente persecución judicial a la que han sido injustamente sometidos,

Desde luego, en éste escenario electoral el primer pulso se dará en marzo con las elecciones de Congreso las que ya no serán regladas por la fallida reforma política que ya se hunde en su trámite legislativo.

En conclusión, el panorama de la paz y el tema político siguen impredecibles mientras que la economía y el creciente déficit fiscal siguen marcando la baja popularidad y aceptación del gobierno, incrementada con las evidencias de la mayor corrupción nunca antes desvelada, fenómeno del cual es sin duda gran protagonista.      


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