viernes, 03 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2019-12-11 02:00

De la séptima a la séptima

Escrito por: Jesús Andrés Vargas
 | diciembre 11 de 2019

Los tiempos cambian, y los símbolos también. Hace 29 años, un grupo de estudiantes de universidades privadas (luego públicas) se unieron con un propósito que sería de una trascendencia tal que cambiaría el rumbo que hasta ese momento llevaba nuestro país.

El movimiento estudiantil no era nutrido, más bien enclenque pero bastó la concretización de una idea para que se lograra lo que se propusieron.

La séptima papeleta no fue otra cosa que la inclusión de un séptimo “tarjetón” de manera espontanea en las urnas para elegir hasta ese momento seis cargos de elección popular.

En dicha papeleta se indicaba el deseo de cambiar la centenaria constitución de 1886, y se logró.

Cuesta entender cómo la generación de ahora, que se ufana de ser la generación que no tiene miedo, no reconozca o más bien desconozca que antes de ellos, ya habían existido estudiantes que se atrevieron a hacer cambios cuando el país vivía una de sus etapas  más violentas y sangrientas y en dónde las masacres, los asesinatos y las desapariciones estaban a la orden del día.

Hoy, otra séptima se convierte en un símbolo de cambio. La carrera séptima  de Bogotá, la arteria cultural e histórica  de la capital de la república.

Esa séptima donde ocurrieron los hechos  del florero de Llorente esa misma séptima que vio como acababan con la vida de Gaitán para después ser escenario de la destrucción y la desolación que conocemos como “El Bogotazo”,  Y en esta oportunidad, la ruta final de los participantes del paro nacional.

Fue en esta misma carrera en dónde se llevó a cabo el denominado concierto por Colombia el pasado domingo, con una asistencia nutrida y un número significativo de artistas que al final, nos quedaron debiendo el  hablar del objetivo principal del paro.

Y es que el paro nacional sigue adoleciendo verdaderamente de una hoja de ruta clara y concreta. Se valieron de movimientos y símbolos extranjeros, que a pesar de tener un cubrimiento masivo en redes, no ha logrado concretizarse.

La crisis de las redes sociales ha llegado. Si alguna vez se dijo que los colombianos ante la inmensa cantidad de noticias violentas que percibía al día, habían perdido sensibilidad como sociedad, la viralización de lo que pasa en la calle, genera una indignación pasajera que termina convirtiéndose en un meme o un challenge que muchos quieren copiar, solo por ser lo que está de moda.

Esto precisamente porque el paro pareciera que tiene un alto contenido estético y simbólico pero sin sustancia.

O tal vez si lo tenga, tal vez si haya un objetivo principal, como la salida del Presidente del poder, pero aquellos que quieren eso, no pretenden mostrar sus cartas de frente porque temen ahuyentar a una gran mayoría que ha encontrado en este movimiento la oportunidad de demostrar un descontento generalizado frente un gran número de cosas que no implica solamente decisiones gubernamentales.

Habrá que apelar al espíritu noventero para encontrar inspiración y buscar estrategias que verdaderamente encausen lo que pase en las calles, sin sacrificar con ella la institucionalidad y la capacidad de dialogo.