De la plaza pública a las redes sociales: ¿cambio estructural u oportunismo electoral?
Por: José Eliseo Baicué Peña
Mañana se llevarán a cabo las elecciones presidenciales en las que se escogerá a quien dirigirá el país por los próximos cuatro años. Unos prefieren referirse a este evento como fiesta democrática, votaciones, politiquería, demagogia o simplemente como pantomima electoral.
De igual manera, nadie duda hoy de la irrupción de la tecnología en las nuevas cosmovisiones en todos los rincones del planeta. Y dentro de este fenómeno tecnológico, es evidente, igualmente, el uso, indebido o no, de las famosas redes sociales. Una práctica que se inicia con el amanecer y termina en las noches (aunque en muchos permanece las 24 horas), del diario vivir de todos los mortales.
Por supuesto, que no me opongo a ello. Pues son múltiples los beneficios que la tecnología ha proveído a la humanidad desde sus propios inicios. Son muchas las contribuciones que se han hecho a la medicina, a la ciencia, a la academia, a la astronomía, a la biología, al derecho, al medio ambiente, a la fauna, a la flora, a casi todos los aspectos de la vida.
Y claro que a la política. O mejor, a la forma de hacer política. Al ejercicio de ese oficio odiado por muchos, querido por otros más, imparcial para otro tanto, pero indudablemente inherente a nuestra cotidianidad, así como al devenir y desarrollo de los Estados.
Quizás gracias al avance de esa tecnología fue posible que en esta campaña presidencial se llevaran a cabo más de 50 debates desde el año 2016. Creo que es la primera vez en la historia del país que se registra esta cifra. Algunos televisados, otros en la radio, unos pocos en campo abierto, otros en entidades como universidades y organizaciones diversas.
Bueno, digo debates por llamarlos de alguna forma. Pues, la mayoría fueron conversatorios, entrevistas, interrogatorios, análisis de encuestas, análisis de enfoques específicos como educación, salud, organización política, corrupción, extradición. Fue un apretado itinerario de actos de esta índole en los que se buscaba explorar las ideas y formas de gobierno que cada candidato tiene en su programa electoral. Nada que ver con los grandes debates y discursos de otrora. Nada que ver con los fundamentos económicos, políticos, sociales, de salud, de educación ventilados en los escenarios de la plaza pública con el fervor presente de las multitudes, y sin los grupos seleccionados para arengar a cada candidato. Nada que ver con la capacidad discursiva y bien sustentada de otras campañas en décadas pasadas.
Pero lo que sí se ha visto, es que los candidatos se han escudado, han utilizado, han ocupado las redes sociales para llegar masivamente a sus posibles electores. No es lo mismo estar en una tarima frente a miles de ciudadanos, ávidos, inquietos, inconformes y lanzando puyas a los candidatos, exponiendo propuestas y cambios en los diferentes sistemas, que dentro de una cabina de radio o de televisión, exponiendo tranquilamente sus ejes temáticos de campaña y rodeado solamente de algunos periodistas y asesores.
Las redes sociales han sido, y creo que seguirán siendo, las aliadas incondicionales de los políticos en las campañas electorales. Y no está mal, pues la tecnología está al servicio de la humanidad. Aunque esta campaña se caracterizó por lanzar críticas negativas a los contendores, escribir, contestar, refutar, a través de estos medios, tratar de ganar adeptos haciendo denuncias o adentrándose hasta en la vida íntima de sus colegas.
Ojalá, quien gane no olvide que a través de estos elementos tecnológicos también puede seguir llegando a los colombianos, también puede seguirle hablando a los colombianos. Claro, ojalá impulse su desarrollo (el de la tecnología) para que más colombianos puedan tener acceso a ella.
Recuerde, un voto razonado es la mejor inversión y contribución a la democracia y al progreso del país.
