jueves, 02 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2020-02-01 03:59

De la maldita guerra y otros infortunios

Escrito por: Amadeo González Triviño
 | febrero 01 de 2020

Una selección de cuentos del maestro Jesús Rodolfo Agudelo Salazar, que lleva este título en su obra literaria, empieza a conocerse en el centro del departamento del Huila, para satisfacción de quienes conocemos al escritor, al poeta y al pedagogo que desde las tierras del municipio de Pensilvania, su tierra natal en Departamento de Caldas, vino hasta estas tierras y luego de más de treinta años, se quedó definitivamente con la conciencia de haber vivido la experiencia de muchas aventuras y desventuras del pueblo colombiano, tanto en el eje cafetero como ésta zona afectada por la violencia: el Departamento del Huila.

Es una forma de evocar toda esta maldita guerra, toda esa experiencia que es la suma de hechos en los cuales, los colombianos hemos estado comprometidos, hemos conocido y no hemos podido enfrentar con la suficiente entereza para convencernos que todos los procesos de pacificación y de reconciliación, no dejan de ser más que un sueño y una esperanza trunca, cuando de por medio ha sido la política oficial, la principal enemiga de la consolidación de procesos democráticos y de solidaridad entre todos los colombianos.

Sus relatos que tienen el trasfondo de la realidad, se mezclan con otras experiencias personales, con vivencias, con detalles muy puntuales de contenido social y humano las formas como la naturaleza en su desarrollo interno se precipita en grandes avalanchas para reclamar y urgir del hombre, volver a su entorno, defender los recursos naturales. Este escritor con sus recursos literarios, nos lleva a mostrarnos cómo es posible construir una literatura fresca, renovada y con los tintes mágicos de lo que es nuestro dolor, nuestro infortunio, para trastocarlos como parte de lo que tiene o deben ser en realidad nuestros sueños.

Esta maldita violencia que en su momento se transformó en guerra, en un conflicto de nunca acabar, conflicto negado y desconocido, pero profundo y enraizado en la conciencia ciudadana, no se detiene pese a los acuerdos de paz, y por ello, con la muerte permanente de líderes sociales, que terminan en los anaqueles de los entes oficiales, siendo desconocidos o tergiversados o anulados para gran tristeza de una realidad que no se reconoce y que no se quiere aceptar, nos llevan a entender que es hora de volver la mirada a la realidad, que es hora de experimentar o tratar de alcanzar ese punto de paz que nunca hemos tenido,  ese anhelo de paz que ha sido esquiva y que como una palabra vacía y hueca, repetimos hoy, sin entender la dimensión y el trasfondo de la solidaridad que ella lleva envuelta en el humanismo que no nos hemos atrevido a aceptar según nuestra propia condición de seres mortales y efímeros en esta vida.

Ha sostenido el maestro Jesús Rodolfo Agudelo Salazar, que “Siete de los dieciséis sucesos que se relatan en etas ficciones reales pertenecen al infortunio de la maldita guerra nuestra, en la que los muertos son siempre del mismo bando (el bando del pueblo, el de los pobres), aunque caigan contendiendo en cualquiera de los tres ejércitos enfrentados (ejército, guerrilla, autodefensas). Escogí, no los actos más heroicos, que son casi inexistentes en un conflicto tan degradado, sino algunos de los que son producto de las mayores torpezas. Los otros nueve acontecimientos narrados, que pertenecen a circunstancias distintas a las de esta guerra, si bien son infortunios, no siempre tienen un final infausto.”

Es para nosotros muy reconfortante encontrar estas obras, esperamos hacer el reconocimiento por tan meritorio esfuerzo y lo ponemos de ejemplo para que nuestra juventud y nuestros amigos se deleiten y tomen su experiencia, como parte de esa verdad que todos tenemos que terminar por conocer algún día, de lo que fue y lo que significó realmente este proceso histórico que ha dejado mucho dolor y angustia entres nuestras gentes y que sirva de base para la reconciliación y la hermandad que hoy en día, hemos perdido. Gracias maestro Jesús Rodolfo Agudelo Salazar.