De la borrachera al guayabo
Vale recordar un viejo refrán popular que dice “ el que juega pierde y el que bebe se emborracha “. Me vino a la memoria a propósito de lo que está ocurriendo con la transición del nuevo gobierno que ya cumplió sus primeros 90 días.
El gran alboroto causado por el proyecto de financiamiento para el presupuesto del 2019 y la intención de gravar con IVA los productos de la canasta familiar, viene dejando en claro que el discurso de Macías durante la posesión de Duque se quedó corto en revelar el verdadero tamaño del hueco fiscal heredado del gobierno Santos.
Las cifras que ahora se conocen y que tienen el aval de la Contraloría son realmente escandalosas. El inusitado incremento de la deuda pública externa; el aumento exagerado de la burocracia y de las nóminas paralelas; el tamaño gigantesco de las vigencias futuras comprometidas hasta el 2030 en temas de inversión para financiar programas del posconflicto y el faltante de 14 billones en los ingresos de 2019; constituyen sin duda el trágico guayabo del gobierno y la justificada preocupación de los colombianos.
Ahora se aprecia con claridad que el reconocido jugador de póker como ha sido señalado el expresidente Santos, le apostó sus activos políticos al proceso de desarme y desmovilización de las Farc, juego en el cual logró de carambola obtener su codiciado premio Nobel y el deseo vanidoso de pasar a la historia. Sin embargo, tales logros los apostó como vicioso jugador en el Plebiscito, abusando en forma descarada del presupuesto público y untando de mermelada a toda la institucionalidad pública y privada, apuesta que perdió de manera rotunda y sorprendente.
Tal circunstancia condujo a la manipulación del Congreso y de las Altas Cortes para rescatar el Acuerdo, ejemplo que permeó todas las instancias del Estado estimulando la escandalosa corrupción que ha despertado en los colombianos su más alto grado de indignación y rechazo hacia la clase política.
Por su parte el Presidente Duque, fiel a su propuesta programática, optó por convocar a todas las fuerzas políticas con representación en el Congreso, a los gremios y a los diversos sectores sociales; a trabajar por los postulados de su campaña como son la legalidad, el emprendimiento y la equidad, sin mermelada ni clientelismo. Pero quizás cometió un grave error estratégico que ahora lo tiene en apuros y con evidente desgaste ante la opinión, pues no quiso hacer el necesario y justificado corte de cuentas en relación con la situación fiscal de la Nación, en el sano propósito de no utilizar el espejo retrovisor ni perpetuar la intensa polarización ideológica y política derivada del Acuerdo con las Farc.
Definidas las bancadas del Congreso en gobiernistas, independientes y de oposición, ello ha constituido un duro escollo para la gobernabilidad del Presidente; pues es evidente que la gran mayoría de los Congresistas siguen aferrados a la politiquería y el clientelismo; circunstancia bien aprovechada por el Polo, los Verdes, las Farc y los inefables Benedetis y Barreras para disparar sin tregua contra el blanco perfecto del gobierno como es el Ministro Carrasquilla, dada la debilidad manifiesta del enorme hueco fiscal, pues si no se consiguen los recursos o si éstos se perciben a costa de gravar la canasta familiar con el IVA, queda servido el plato del descontento y la frustración para que se valorice su apuesta electoral regional del 2019 y la presidencial del 2022.
La evidencia es irrefutable. De la borrachera del gasto irresponsable, el despilfarro y la corrupta mermelada, estamos pasando al doloroso guayabo de la crisis fiscal que siempre se descarga en el ciudadano honrado y trabajador que siempre termina pagando la cuenta.
