De elecciones y otras cosas
Quince días antes de las elecciones regionales, para Alcaldes y Gobernadores, Concejales y Diputados, en nuestra región, es interesante ver como los candidatos comienzan a sentarse como autoridades y esperan en todo momento un puesto de celofán, una tarima especial, se hacen esperar largas horas y muchos, comienzan a añorar la forma como se les pueda tender una alfombra para que sus pies no se lastimen, cuando dan un paso hacia esa aspiración que los aleje del mundo y la realidad.
Porque realmente cuando son elegidos quienes alcanzan esas dignidades “democráticas”, generalmente no lo son por sus ideas o por sus propuestas o diagnósticos de la realidad del espacio que esperan gobernar, sino que esos votos y esos éxitos son fruto de la forma como un grupo de personas se unen a su séquito, confiados en ser reconocidos más adelante cuando de las cuotas burocráticas se trate.
Es común que esos candidatos de hoy, dignatarios en el mañana, se olviden e incluso, ignoren y desconozcan la labor que han realizado personas que nunca recibieron ni siquiera para un vaso de agua o un refresco y que tuvieron que estar visitando las “ollas” más recalcitrantes, a donde los candidatos no ingresaron, y que fueron otros, los que comprometieron a sus propias familias, a sus propios allegados, a sus propios amigos, con un voto, que en suma terminan siendo la renta del candidato. Pues el candidato siempre posa para la foto con los más pudientes, con la élite de su casta, ingresa a las casas más suntuosas y en fin se da su toque de “dignidad” para aparentar un orgullo que no tiene y que otros construyen para él.
He podido observar, muchos de estos caso a lo largo de la historia de nuestra sociedad, y quisiéramos desde ya, vaticinar como se han de componer los gabinetes o como se han de designar los cargos y los contratos, y la gran mayoría de aquellos que hoy se sacrifican, que dejan sus hijos y que deben entregar sus propias almas en la construcción de una candidatura, no serán tenidos en cuenta y no se les reconocerá nunca, en los cuatro años de gobierno, una cuota de poder o una forma de reconocimiento a su labor.
Mañana nos abrigara la realidad de la esperanza y ese mañana podrá hacer despertar a más de uno, con el dolor de la desilusión, con la tristeza y la amargura de eso que tanto se pregona hoy en día, cuando de la política se trata, cuando de la política se menciona la calidad de gente de sus agentes, para considerar que en el cuerpo de cada candidato, se esconde la avaricia, el orgullo, la prepotencia y sobre todo, una falsa imagen que construyen sobre el presupuesto de la vanidad y de la mentira, de la falsa identidad y especialmente de la doble moral, ya que cuando abrazan, lo hacen con desidia y con asco y muchas veces, cargan en sus mochilas, jabón con antibacterial, para estar limpiándose de la mugre de sus electores.
Triste realidad que el candidato no reconozca entre los ciudadanos de bien y no alabe y reconozca la gestión que hacen muchos seres en nuestra sociedad, cuando se encuentran con ellos, en la vida política. Triste que siempre esté de presente un compromiso o una genuflexión, para, ahora en tiempo electora, tener como amigos y conocidos a quienes llegan a ellos. El candidato es el que debe llegar a las gentes, el candidato es el que debe tener el carisma y la forma de reconocer en los otros, su gestión, su labor, su aporte a la sociedad.
En nuestro medio, todo esto nos produce una comezón que hace mucho tiempo nos ha alertado sobre cual es nuestro papel en sociedad, cuando de campañas políticas se trata y esto me hace evocar esta situación, para desear que a todos esos impulsadores o gestores de la democracia que están acompañando a los candidatos, no se queden con los crespos hechos, y sus sueños y sus ilusiones no sean pisoteadas, cuando los candidatos alcancen su objetivo de poder, que es lo único que les importa.
