jueves, 09 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2017-12-16 02:03

De candidatos y electores

Escrito por: Amadeo González Triviño
 | diciembre 16 de 2017

La composición política del Departamento del Huila, conforme a los candidatos que aparecen inscritos para el próximo debate electoral, no ha cambiado para nada, salvo alguna pequeña ínsula que se vislumbra, sin mayor posibilidad de generar un replanteamiento social, político y económico, como era de esperarse.

Nos cuestionamos y todos los que han de concurrir a participar de éste proceso, deberían ponerse a pensar, qué validez tienen esos candidatos, cuando no son representativos de las comunidades, cuando son impuestos por los mismos gamonales de siempre,cuando en su interior no se ha producido un fenómeno social que decante su afinidad a las comunidades, es decir, que sean realmente representativos de la voluntad popular.

Si a todo lo anterior se sumara, como debería de hacerse, su trasegar al servicio de las comunidades y la pulcritud de su quehacer cotidiano, otro sentir podría predicarse de sus nombres. Otro destino podría ofrecerse a quienes puedan participar en el proceso electoral. Participar en las elecciones no sería el simple hecho de votar como se acostumbra a hacerse, sino que ello llevaría implícito el proceso de elegir.

Es que tal como lo hemos advertido en otras ocasiones, quienes participan en una votación llevan una responsabilidad que generalmente es la que se quiere cobrar por parte de los mismos ciudadanos, abstencionistas o no, y en el cual, generalmente se escudan los que resultan investidos de dichos procesos, ya que eso permite que se presenten como voceros de las colectividades y por consiguiente con patente de corso para abusar de su condición y ser coautores de todos los delitos con los que se acostumbra a disfrazar nuestra politiquería tradicional.

Y quienes participan en las votaciones, simplemente votan, no eligen. Si los electores pudieran visualizar y seleccionar un grupo de personas que consideran ser sus mejores voceros y en todo ese proceso selectivo participara el mayor número de personas, sin lugar a dudas estaríamos participando de un verdadero y democrático proceso electoral. Mientras los candidatos sean impuestos por dos o tres gamonales que ocupan cargos dentro de los directorios políticos y son los que terminan vendiendo o concediendo los avales, no tendríamos esos espectáculos que de la noche a la mañana acostumbramos a ver, cuando los colores partidistas se cambian sin pudor, sin escrúpulo y sin ética. Claro que en la política la ética no existe.

Finalmente consideramos y así lo expresamos desde ya, que el próximo proceso electoral, estará plagado de la repetición, de la continuidad, de la forma como la corrupción ha infestado todo nuestro aparato institucional, de tal forma que no hay un mesías, un representante que en medio de toda esa orfandad moral y de la distribución arbitraria de puestos y de partidos que acaba de darse, nos permitan tener la esperanza de que sea vocero de las colectividades que reclaman la decencia o la lucha contra la corrupción en este país.

No es una voz la que necesitamos, no es un líder sólo, luchando en medio de un conjunto de personas que han dado lugar a la desigualdad, a la prolongación de todas las formas de impunidad o de la protección del delito, como todas la corrupción que se da cita en torno a nuestro Estado Social de Derecho, es un gran movimiento social, diferente a las urnas, lo único que puede abrirnos los ojos, para pensar en el cambio y en la resistencia social, hacia ese juicio de responsabilidad histórica que hoy en día y con mayor énfasis, se demanda de todos los colombianos, contra la clase dirigente y política que se encargó de desangrar en lo económico, en lo social y con violencia a éste país. 


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