Cultura y turismo
En reciente encuentro propiciado por nuestro Centro Cultural CUATROTABLAS en el municipio de Garzón, con alegría y desconcierto pudimos reconocer los grandes equívocos en los que nuestros dirigentes políticos y administrativos enfocan los temas de la CULTURA y TURISMO, pensando que éste último, es la base esencial de una economía por sí sola, relegando a la cultura a un aspecto como si se tratara de una actividad recreativa o deportiva y que por lo tanto, la prioridad es esencialmente hacer de un lugar un centro turístico, por sí y con la finalidad de apoyar e incentivar los intereses privados, sin tener en cuenta la razón de ser de esta actividad y el interés general de las comunidades.
No olvidemos que la CULTURA, es afín al ser mismo, es parte de la formación integral del ser humano y sobre esta base, es que los pueblos en el desarrollo de su historia, han permitido el florecimiento espiritual de la humanidad y han contribuido a la evolución, al cambio, a la transformación de su entorno y del mundo al que pertenecen, no ha sido el turismo esa fuente de sabiduría.
La cultura es inmanente al ser humano, es propio del devenir histórico de los pueblos y por tanto debería ser considerado como en el presupuesto básico social como un asunto político y de función social del gobernante, como un fenómeno integral de las comunidades en la construcción y desarrollo de su propia identidad.
Hemos advertido en muchas ocasiones, mientras no exista identidad cultural y no se desarrollen procesos culturales armónicos entre la sociedad, es imposible pregonar una teoría del turismo, por cuanto, en la medida en la que haya focos del desarrollo del pensamiento, centros neurálgicos de obras que representen la esencia de esos pueblos, asuntos o motivos que se proyectan en las costumbres, en la idiosincrasia de sus gentes, en una determinada región, en esa proyección y posibilidad se desarrollaran otras actividades que como valor agregado denominamos turismo, teniendo éste, como soporta y fuente la vitalidad, la actividad y el desarrollo cultural de la región desde donde se pretenda la construcción de valoración, de identidad y de pluralidad de conceptos y opiniones, que brinda y abarca la cultura.
Considerar que un pueblo pueda ser transformado en determinado momento por la simple actividad turística y que éste hace posible el empoderamiento de una clase económica dedicada a generar ingresos para fortalecer las arcas de los entes gubernamentales o de las instituciones mercantiles que direccionan las empresas privadas, es un equívoco. Es un error y no dejaremos de pregonar que el turismo por sí solo, no es la razón de ser de la sociedad y mucho menos del desarrollo de un pueblo.
Generar ideas para presentar al turismo como la gran aliada para salir del subdesarrollo regional, o que es una forma de solución social de sus comunidades, es un gran error, es una equivocación propia de provincias que no tienen visión y no conocen el contexto de la cultura, como elemento dinamizador de aquel proceso turístico.
Recordemos que hoy en día se habla de una industria del “turismo cultural”, fundamentado precisamente en los espacios, encuentros, eventos, actividades y especialmente en los monumentos, construcciones, inmuebles, paisajes y demás atributos que el hombre a través de los tiempos, ha erigido como formas de cultura y de identidad de su organización social, de su mundo y de su patrimonio, los cuales adquieren trascendencia y sirven a su vez, de pregoneros de una forma de ser, como fuente inagotable del quehacer de superación y de encuentro entre el ser humano y las divinidades que llevamos dentro.
Mientras no generemos espacios para la cultura para sus actividades, eventos y apoyemos a nuestros creadores culturales, desde la provincia, enfocar todas las acciones hacia un TURISMO que no tiene nada que mostrar o que no tiene nada que proyectar en los otros, no deja de ser más que un esfuerzo inane en medio de una sociedad que se hunde en sus falsos ídolos en medio de una politiquería sin rumbo y sin destino, más allá que la de esquilmar los recursos del Estado, y defraudar a las comunidades.
