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Opinión/ Creado el: 2018-02-10 05:01 - Última actualización: 2018-02-10 05:02

Cultura y museo para Garzón

Escrito por: Amadeo González Triviño
 | febrero 10 de 2018

Un gran sector de defensores del patrimonio cultural se ha empeñado en demandar y exigir de nuestros gobernantes, que todos los bienes encontrados en guacas o entierros dentro del proceso de excavación y de construcción de la represa del Quimbo, que perteneció a las comunidades que habitaron estos sectores de la población huilense, sean llevados a un MUSEO HISTORICO, que ha de tener como sede el Municipio de Garzón.

 

Hoy nos unimos a este movimiento en defensa de lo nuestro, movimiento que tiene como finalidad rescatar parte de nuestra herencia cultural y reconocemos que este reclamo es justo, para que en un espacio debidamente adecuado, un museo, los turistas o nuestros propios habitantes, se reconozcan en su idiosincracia y en su tradición y en sus leyendas, lo cual es inescindible en el reconocimento del entorno y de la realidad social a la que pertenecemos.

 

Es fundamental saber y conocer quienes habitaron nuestra región, cual es la cultura y las creencias que nos han permitido comprender el mundo y afrontar las necesidades de una u otra forma, porque como dicen los economistas modernos, el desarrollo industrial de los pueblos, está en correlación directa con el desarrollo cultural de sus comunidades.

 

A decir verdad, que nosotros los huilenses, desde la Administración Central, siempre hemos dejado al garete las políticas culturales, hemos olvidado las formas de entrelazar los conocimientos y la razón de nuestro desarrollo, en el ser huilense, en lo que se constituye toda nuestra riqueza cultural, para que no se nos endilgue un atraso inmanente a nuestra forma de ser, a esa forma palmaria de reconocer nuestro propio subdesarrollo y por qué no, nuestra sumisión en ideas y en confrontación de opiniones, para que terminemos siendo en gran parte, serviles herederos de una sociedad que nos movilizamos bajo la égida del chisme o de los prejuicios e impedir la liberalidad en el pensamiento y en las formas de constituir el mundo que nos rodea.

 

Con este proceso político que se vive en estos momentos, por la forma de responder con confrontaciones y odios entre las comunidades las propuestas de unos y de otros, por la forma de aprovecharse de muchos profesionales ingenuos que aún siguen conservando el sueño de encontrar un empujón en los contratos públicos o en la burocracia oficial, se descubre día a día, la manera baja de quienes están ofreciendo la panacea que nos rescate del desempleo o de la solución a los problemas sociales, y todo ello, no es más que fruto de una incultura, de un desconocimiento de la estirpe política tradicional, donde los académicos no se cansan de pregonar que esa incultura es la razón de ser de nuestro atraso social, humano y económico.

 

Es hora de rescatar la importancia de la cultura, de la necesidad de pensar y volver a pensar en la consolidación de nuestros conocimientos y en el reconocimiento de la identidad de nuestra sociedad, para que de esta forma, rompamos los esquemas sociales y superemos la ausencia de la protección de ese derecho fundamental a la igualdad, que tanto se predica, pero que no deja de ser más que una simple letra muerta en el argot popular de una Constitución de papel, como la que tutela nuestros derechos ciudadanos.

 

En la suma de todo este trasegar y reconocer la forma como el Centro del Departamento del Huila, ha sido vapuleado por la politiquería y la falta de identidad de nuestra propia idiosincracia, es que tenemos que salir al rescate y exigir, exigir y volver a exigir, que se nos devuelva la opción de soñar, que se nos devuelva la esperanza de reconstruir nuestra propia historia y que todos los bienes que fueron desenterrados en la construcción de la Represa, al igual que todos los recursos y valores que fueron encontrados en ese proceso de exploración, sean restituidos a nuestra tierra y sobre ellos edifiquemos la cultura del huilense y defendamos la construcción de ese Museo en nuestra propia tierra, en Garzón, para dejar ese legado en la memoria histórica de nuestras gentes de esa época aciaga y de dolor que nos tocó soportar por culpa, en un momento de nuestra incultura y del mal manejo politiquero de quienes han liderado los destinos de nuestra región.

 

 

 

 

 


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