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Opinión/ Creado el: 2018-07-28 03:06 - Última actualización: 2018-07-28 03:06

Culto al agua y a la fertilidad

Escrito por: Amadeo González Triviño
 | julio 28 de 2018

El culto al agua y a la fertilidad, son parte esencial en el epicentro de esa serie de grabados y petroglifos que se encuentran a lo largo de los zanjones que se conforman en la zona del Pital y del Agrado colindando con la zona arqueológica de la Jagua, hoy convertido en lugar de tránsito de la ganadería de sus propietarios cercanos y por donde según se advierte por los conocedores que han participado en la exploración y el estudio de ésta zona geográfica y de los recursos hídricos, existió una fuente de agua, alterna a la del río Magdalena, que llegó a tener aproximadamente veinte metros cúbicos por segundo en ese sector, rico y grandioso, por los yacimientos o fuentes de éste precioso líquido, y hoy quedan vestigios y señales de haberse desplazado silenciosamente por dicho sendero, hasta el río madre. No olvidemos que toda la zona que se distancia de este trayecto, es secano, y muy pobre en nacimientos hídricos, desde el nacimiento del río de la patria.

Sendero que ha sido mancillado por la tala indiscriminada en la búsqueda de la adaptación de los sectores para la explotación ganadera y consiguientemente, para el aprovechamiento particular, dejando de lado, el estudio y el análisis de todo el entorno, que aún sobrevive en medio de la precariedad y del abandono del Estado.

Estos grabados sobre las rocas, son una constante que necesariamente nos vinculan con otros petroglifos encontrados en el territorio huilense, como Palermo, Aipe, Gigante, Timaná, entre otros, pero con la particularidad de que en ésta zona, hacen parte de lo que seguimos considerando que era lugar de peregrinación para los ritos y la adoración de los dioses, de la comunidades indígenas de las épocas que antecedieron al cristianismo, y que aún se sigue indagando por tratar de descubrir, a qué grupo ancestral de las comunidades indígenas, se trata, máxime que entre los últimos estudios se hable de la comunidad perteneciente al pueblo Tama, y otros que los aproximan al pueblo andaquíes, o al pueblo nasa o paeces, como de los que tenemos noticias, según los datos de la conquista y de las encomiendas de Timaná en los siglos XVI y XVII.

En San Agustín, por su parte, hay una fuente ceremonial que a su vez nos aproxima a lo que se ha conocido sobre la quebrada que lleva el mismo nombre de Lavapatas, y que se constituye por los grabados y dibujos sobre serpientes y lagartijas, como parte de ese ritual de adoración y de hermoso culto al agua, elemento vital tanto de la vida como del equilibrio natural y social de la humanidad. Desde éste punto y hacia el sur occidente, vamos a encontrar posteriormente un lugar que es tan importante y quizá más que el parque arqueológico de San Agustín, como lo es el sitio turístico denominado La Chaquira, constituido por zonas donde la energía positiva libera el espíritu de las angustias y es fácil la comunicación y la paz interior que se vive, en medio de los cañones que se levantan y que sirven de soporte para llevar entre sus peñas el curso de las aguas del río Magdalena.

El culto a la fertilidad, culto a la pesca, a la caza y a la recolección de los frutos, está presente en los grabados y petroglifos encontrados, y un estudio serio ha de llevarnos por reconocer en el pueblo que se congregó en esta región para la adoración de sus dioses, la forma como se buscó entre nuestros antepasados preservar e ilustrar sus formas de vida.

Son muchos los comentarios que esperamos recaudar y seguir explorando, para que nos motivemos con elementos de juicio claros y precisos y acompañados de la arqueología, de la antropología y de los elementos mínimos del conocimiento humano, para desentrañar todo ese misterio que se esconde como un gran legado que no hemos sabido aprovechar y que no hemos sabido leer, en el lenguaje de quienes un día, aprendieron a adorar el sol, la luna, las estrellas y los dioses invisibles que con su soberbia, muchas veces, nos abandonan, muchas veces nos olvidan.


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