Crisis social y económica: total
Nuestro sector productivo primario, la Agricultura en Colombia, está totalmente quebrada. La suerte que le espera al pueblo campesino, es la peor que se pueda esperar a lo largo de su historia y con ello, la clase media se precipitará al abismo, con una tendencia que muy pronto nos acercará a vivir una encrucijada similar a la que vive el hermano pueblo venezolano, los pobres y la miseria serán los cordones umbilicales de ésta sociedad, en una brecha inexpugnable que nos ha de separar de los detentadores de la riqueza y del poder.
No es una lucha de clases abierta y declarada como el motor que mueve todo este andamiaje, no es el principio del ejercicio de una revolución interna la que nos está generando todo este estado de cosas. Es la simple realidad de un Estado que en su estructura económica ha perdido todas las batallas por cuenta de ese poder burocrático aliado con las oligarquías y ensimismado con el poder mismo, que perdió los derroteros de su concepción de Estado Social, para convertirse de la noche a la mañana, en el depositario de la fe ciega de los potentados, sobre lo que tiene que hacerse, sobre todo lo que sea necesario reformar, en aras a hacerlos cada día más ricos y con ello, generar una mayor permanencia en el poder de sus secuaces, de sus aliados transitorios: los políticos de turno.
Se ve venir una reforma pensional, una reforma tributaria, un aumento del salario para beneficiar a los carteles de los fondos privados que manejan los recursos de las pensiones y las cesantías en Colombia, en un alarde la pantomima del poder. Y nadie es capaz de controlar la crisis cafetera, la crisis en la producción arrocera, en suma, la crisis en todos los órdenes agrícolas y la forma como los tratados de libre comercio internacional, nos están ahogando y reduciendo en forma desmesurada para contagiarnos de una situación en la cual, el productor primario, el campesino, el obrero y la clase trabajadora, son los principales damnificados en esta crisis social de impredecibles consecuencias en la hecatombe que muchos años atrás anunció un líder de las huestes ultraderechistas de nuestra nación.
Y seguimos convencidos de que tenemos el mejor gobierno, de que el Congreso de la República ha de luchar contra la corrupción como en una cruzada contra los impíos, cuando en sus mismas huestes se amasa la fortuna de los desfalcos que han precedido a ésta nación. La Contraloría General de la Nación presenta sus informes, y dónde están sus resultados?. El Fiscal General se vanagloria de su rendición de cuentas ante la Corte Suprema de Justicia, y dónde éstan las sentencias condenatorias y la recuperación de los dineros del erario público que han sido objeto de tales delitos o la cárcel de sus protagonistas? Y el Procurador entra en conflicto con sus similares en el control social del país, para prohijar que en éste país, no pasa nada, que nadie se ha enterado de lo que ha pasado y que el país sigue adelante en un proceso donde las arandelas y la arrogancia del poder, permite que se elija un Consejo Electoral amañado, siguiendo las orientaciones de una lucha por el poder y por permanecer ad infinitum en el control de los sistemas de elección en Colombia.
Donde hemos de terminar entonces, cuando despertemos de ese letargo en el que las rencillas personales, los actos de macartismo sigan su curso y en defensa de lo indefendible, sigamos creyendo que hemos alcanzado un proceso de paz, que no ha sido capaz de llevarnos por el sendero de la convivencia y de la solidaridad, sino que ha servido para radicalizar nuestra vocación de ignorantes de la crisis social que vivimos y que se nos vino encima? Quien está liderando la búsqueda de elementos primarios para la defensa de lo nuestro, de nuestros recursos y la proyección social que tanto ha sufrido con una violencia que ha sido el motor de una guerra que parece llegar a su fin, pero que se disfraza de clientelismo y de corrupción y de caos, para seguir dividiendo y reinando en la impunidad, en el crimen y en la ilegitimidad del poder, como vivimos: sin autoridad ni ley?
La corrupción quiere moldear su imagen y presentarse como una autorregulación que es imposible de alcanzar, mientras las instituciones y el Estado, siga siendo el bastión de las desigualdades sociales y de la lucha de clases como nos lo enseña la historia de la humanidad.
