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Opinión/ Creado el: 2018-08-04 02:50 - Última actualización: 2018-08-04 02:50

Crisis cafetera y pauperización social

Escrito por: Amadeo González Triviño
 | agosto 04 de 2018

Extrañamente el país sigue de espaldas a la realidad social y económica, para entreverarse en aspectos controversiales donde lo único que se tiene es la posibilidad de generar distanciamientos en la lucha por una política integral que nos permita salir del marasmo y del atraso que hemos heredado hace más de doscientos años, para perpetuar una patria boba y un esperpento de sociedad, bautizada bajo el postulado de un Estado Social de Derecho, que ni es social, ni respeta el Derecho.

Tenemos la absoluta seguridad de poder advertir que las consecuencias de ese atraso social y económico se acentúan en forma alarmante en nuestro entorno y a nivel nacional, con mayor énfasis, cuando la crisis cafetera alcanza uno de los momentos más angustiantes, pues está generando el crecimiento acelerado de la pobreza y de la ruina de nuestros productores agrarios y de la economía doméstica, que es la base social de ésta región.

Esta situación quiere dejarse al garete. Precios internacionales del grano, nos llevan a considerar que los grandes beneficiados de esta debacle, son sin lugar a dudas las grandes multinacionales y los monopolios rentísticos que se han erigido como base de nuestra economía y que han dado al traste con ese principio general que debía haberse implementado, para paulatinamente compendiar que nuestra sociedad impulsara de la mano, tanto la producción de elementos primarios, conjuntamente con todo lo exigido para la infraestructura en un proceso agroindustrial cíclico y con ello, adelantar sistemas productivos acordes con las necesidades y el servicio que en forma recíproca se genera cuando van de la mano, no solo la producción de materia prima, sino la transformación de la misma por parte de sus propios agentes y asociados productores.

El precio internacional del café, el monopolio y la forma como la comercialización se han manejado sobre presupuestos económicos falsos, aunados al abuso de las políticas institucionales, no van a ser resueltas en el gobierno que ha de posesionarse ésta semana, sino que son crisis agudas que vienen de vieja data, que se han tratado de soliviar con paños de agua tibia, pero que en el fondo se han de materializar en situaciones catastróficas y de hecho que llevan a esa pauperización social, que todos sabemos que ha de venir, cuando nuestro sistema económico está diseñado para someterse al imperio del capital y de la mermelada tradicional disfrazada de muchas maneras, donde el componente humano, ha sido desvirtuado y desconocido, para bien del sistema financiero internacional y de la concentración de capitales en forma general.

La quiebra económica de muchos comerciantes, la ausencia de circulante de dinero y las formas en las que se manifiesta una economía local, ha de trascender más allá, cuando el productor primario, el cafetero, entre otros, son víctimas de esa economía que en determinado momento, no ofrece ningún margen de rentabilidad o ninguna posibilidad de rescatar los costos de producción, como sucede hace mucho tiempo, cuando los insumos, la mano de obra y todas las inversiones se han elevado en tal grado, que el fruto no es capaz de satisfacer dichos costos de producción y por consiguiente, el desastre es mayúsculo.

En el Departamento del Huila, cafetero por excelencia, no hay en los actuales momentos una salida para el rescate de su economía, igual podemos decir de la zonas cafeteras colombianas, cuando las políticas internacionales del café, nos muestran un panorama sombrío, y donde el único lenitivo que encontramos, es al fin de cuentas, las agremiaciones cooperativistas que aún quedan con aliento para sustentar precios por encima del valor de la carga de café en el mercado internacional, pero esta fórmula solidaria, es de corto plazo, ya que estas agremiaciones, no pueden seguir soportando esta situación, y es necesario una movilización de capitales y de recursos humanos, para defender y exigir, que haya procesos de sustentación, subsidios del gobierno nacional y políticas de apoyo a la infraestructura agroindustrial, para bien del rescate de algo de todo aquello que podemos aún salvar de nuestra economía nacional. No nos engañemos, los colombianos, seguimos siendo timados con argumentos de exportación que de la noche a la mañana, se convierten en ficciones orquestadas para demeritar lo nuestro y engañar incautos, como sucede hoy en día, con el cuento del turismo con el Quimbo, que nunca será habilitado para ello, con la producción de aguacate o la piscicultura y demás que hoy son una falacia y no tienen futuro internacional.