Crecimiento verde para Colombia
Por Álvaro Hernando Cardona González
La campaña política a la Presidencia de Colombia puso en el primer nivel, el debate sobre la preservación del medioambiente. Eso es magnífico para el país, entre otras porque ya los candidatos y Presidente saben que es de alto interés para los ciudadanos. Sin embargo, seguimos apreciando el crecimiento de la problemática ambiental, porque sólo analizamos la tensión entre conservación ambiental versus el crecimiento económico, y este es un falso dilema. Por el contrario, existen, a través de conceptos asociados al crecimiento verde, nuevas y muy rentables posibilidades de prosperidad.
De acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el crecimiento verde busca “propiciar el crecimiento y el desarrollo económicos al tiempo que se asegura que los bienes naturales continúen proporcionando los recursos y los servicios ambientales de los cuales depende nuestro bienestar”. Es decir que va más de un paso adelante en la noción de desarrollo sostenible. Este tipo de crecimiento considera el valor del capital natural como otro factor de producción y, por eso, debe haber una política pública transversal para mantenerlo y en lo posible aumentarlo. Nosotros agregamos que no es agotable aceleradamente por el consumo necesario para la humanidad, sino dramáticamente agotándose, por el aumento de la población y módulos de consumo.
Como recientemente lo ha dicho el Gobierno Nacional, es un aspecto de las políticas públicas de la mayor relevancia ya que cuidar la biodiversidad y los ecosistemas es, como puede fácilmente apreciarse, un asunto de supervivencia.
Con la tutela del Departamento Nacional de Planeación, se han definido tres prioridades para lograr crecimiento verde: 1. el aprovechamiento integral de las oportunidades que abren nuevos sectores económicos sostenibles, 2. el logro de mayor eficiencia en el uso de los recursos y la preparación de las empresas y, 3. el capital humano para desarrollar esta nueva orientación económica.
Nuestro modelo económico está agotado. Ni siquiera el modelo consagrado en el Artículo 80 de la Constitución Política, basado en el desarrollo sostenible, fue suficiente. Aunque creemos que Colombia entre el año 1990 y el presente no hizo lo suficiente y razonable para enmarcar el modelo económico en del desarrollo sostenible.
Todo esto supone un cambio de paradigmas que ya queremos ver cómo se “vende” a las comunidades y organizaciones ambientalistas: se trata de sacar provecho de la riqueza en biodiversidad colombiana, recursos naturales renovables y demás elementos ambientales. No va ser fácil. Pero es un mejor camino que el recorrido.
