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Opinión/ Creado el: 2018-02-02 12:42 - Última actualización: 2018-02-02 12:43

Crecen las dificultades

Escrito por: Ernesto Cardoso Camacho
 | febrero 02 de 2018

En los sistemas democráticos es normal que los gobernantes terminen sus períodos con altos niveles de rechazo o desaprobación a su gestión, salvo casos muy excepcionales que son precisamente los que confirman la regla. Por ello en nuestro medio ha hecho carrera la expresión “ con el sol a las espaldas”, para expresar ese desgaste natural que sufren los presidentes al final de sus mandatos.

No obstante, es de mayor importancia  realizar un objetivo  balance sobre los aspectos integrales de la gestión gubernamental del presidente, el congreso y la rama judicial.

El caso actual del presidente Santos sirve como anillo al dedo para intentar una valoración de ambos aspectos. En el primer caso, es indudable que su desgaste y por tanto el rechazo a su gestión, viene creciendo de manera sostenida hasta niveles del 80% tal como lo registran todos los sondeos de opinión. Muchos analistas no se explican cómo es posible tal nivel de desaprobación cuando según ellos, la firma del Acuerdo de Paz con las Farc y sus consecuentes desarme, desmovilización e ingreso a la actividad política institucional, constituye un logro que por sí mismo, debería ser ampliamente reconocido y valorado por la opinión nacional, acorde con la importancia del Nobel de Paz que le fuera otorgado.

Sin embargo, olvidan deliberadamente tales analistas, que una gestión gubernamental debe valorarse en relación directa con las expectativas generadas por el mandatario plasmadas legalmente en su Plan de Desarrollo, el cual, más que en el análisis de números, cifras y porcentajes que generalmente son manipulables, se plasma precisamente en la opinión ciudadana porque ella representa la legítima valoración política y social de la gestión.

En tales circunstancias, ya no es un secreto para nadie que, salvo el esfuerzo del presidente por concretar, al costo que fuera necesario, el Acuerdo de Paz con las Farc; la situación económica, social, ambiental, institucional y moral de la nación es desastrosa, pues las evidencias son indiscutibles. Inclusive, lo que por desfortuna viene ocurriendo, en los diálogos de paz con el ELN, está generando una gran incertidumbre que desvaloriza esa paz tan pregonada por el gobierno, la que además fuera rechazada en las urnas por la soberanía popular.

Los hechos son tozudos y ellos indican con total claridad que el país viene retrocediendo en muchos aspectos esenciales, en vez de avanzar. La  delincuencia  esta desbordada; la justicia es lenta, no castiga al criminal y padece graves escándalos de corrupción; la fuerza pública esta desmotivada; el desempleo y la informalidad se agravan con el éxodo de venezolanos hacia colombia; los campesinos desprotegidos y abandonados; los congresistas y altos funcionarios, en su gran mayoría, enredados en reprochables actos de corrupción; los recursos naturales arrasados por la minería criminal; en fin,  el desgobierno, la falta de autoridad y la enorme crisis fiscal amenazan seriamente la estabilidad institucional de la nación y generan incertidumbre en todos los niveles de la población.

No son pues dificultades de menor cuantía. Son enormes y crecen en forma sostenida mientras las soluciones no se ven o marchan a menor ritmo, es decir, cada vez más rezagadas.

No debe extrañar entonces que los ciudadanos se muestren escépticos e indiferentes frente a los eventos electorales que se avecinan. El cinismo  de los políticos esta a la orden del día.  Por ejemplo, el expresidente Gaviria afirma  que el candidato del gobierno Santos es su exvicepresidente Vargas Lleras, cuando su partido liberal hace formula con el negociador del gobierno con las Farc y su exministra de Trabajo. Incoherencias que desgastan el sistema democrático y acaban con la credibilidad de los partidos.


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