lunes, 06 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2019-06-22 03:41

Corrupción y circo

Escrito por: Amadeo González Triviño
 | junio 22 de 2019

Afortunadamente el país está viviendo la euforia del futbol y de los carnavales sampedrinos y del invierno y sus avalanchas y de ser la capital mundial de los desplazados por la violencia y de la campaña política y la lucha contra la JEP, para que se pueda dar cuenta del fracaso de esa miga legislativa en el proceso de la lucha contra la corrupción que acaba de suceder en el Congreso de la República, con la complacencia de todos los partidos políticos y la inercia de las movilizaciones populares que se volvieron defensores del crimen y el delito y de la muerte de los líderes sociales, como viene sucediendo en estos momentos.

Los adjetivos y la forma de calificar la actitud de los congresistas que se escuchan y se difunden por los medios sociales una vez conocida la decisión del fracaso de esta legislatura, en la búsqueda mínima de lo que en su momento llamó el expresidente Julio César Turbay Ayala, de “reducir la corrupción a sus justas proporciones”, es coherente con lo que está pasando en éste país.

La corrupción que es inmanente al ser humano, al hombre latino y se ha apoderado de tal forma y se ha dimensionado a tal altura en todas las instituciones, que nadie responde por nada y que todo es un andamiaje en el cual, todos tienen participación, mientras todos la censuran. Todos buscan una contrapartida y propician en su forma de ser la impunidad, el silencio, la complicidad, y se les da ese apoyo soterrado a esta forma de ser que ha sido el soporte institucional de nuestra democracia y de la participación del poder público en la construcción de una sociedad que no tiene una opción o una visión en conjunto de aquellos principios establecidos en nuestra Carta Magna, que renuncio a la ética y que bajo el amparo de la moral cristiana, esta llamada al fracaso.

Toda lucha contra la corrupción arranca necesariamente de la forma de esa integración tripartita del poder público, la cual se ha coligado en todas sus formas, para generar, para propiciar este caos institucional, esta debacle que nos atrapa día a día, una hecatombe total, íntegra y que bajo el presupuesto y el abuso de una consigna constitucional, como la presunción de inocencia, todos sus autores puedan seguir usufructuando del poder y seguir manipulando a sus mañas las arcas del Estado. A este sainete de la democracia se suman los que después de haber sido condenados por delitos contra el patrimonio del Estado, siguen enquistado desde los partidos políticos como sus dirigentes y sus principales orientadores de tales formas de criminalidad, sin que haya poder humano que los controle o los ajuste a la realidad que se merecen: una prisión, un destierro, una muerte cierta y real de la vida pública. Son en suma, esos partidos políticos  los epicentros de éste caos y esta situación social que no tiene reversa.

Y qué papel juega el poder jurisdiccional, es decir, los operadores de la justicia frente a este proceso histórico que vivimos, la respuesta es unánime; Nada. Gran parte de la interpretación y aplicación de la ley criminal en Colombia, ha estado revestida de un falso garantismo y por consiguiente desde su seno de sus instituciones se han generado la aprobación sesgada de los acuerdos de cooperación de los delincuentes de cuello blanco, con negociados en los cuales, el gran damnificado ha sido la sociedad colombiana y la administración de Justicia. Consideramos que ha llegado la hora de que se revisen tales políticas generadas en los principios de Oportunidad y Negociación de Penas, para que en ningún caso esta proceda, hasta tanto no haya devolución integral y confesión previa de todos los cómplices y prebendas que se les viene aplicando, porque ello, ha terminado en ser una burda figura de la cual, se sigue dinamizando formas de corrupción y de vandalismo institucional como éste que ahora nos acosa y se ha convertido en un flagelo incesante de la sociedad colombiana. Es la Justicia, parte de esta debacle.

Lo peor de todo, es lo que está por venirse y se viene ya viviendo con las campañas políticas del próximo proceso electoral, donde los colombianos, que siguen convencidos de que la selección Colombia, o el tour de Francia o la Vuelta a España o los carnavales populares tradicionales, son la esencia de nuestra idiosincrasia nacional y a ella nos entregamos, mientras el país, es una confusión de delincuentes que nos cercan por todos lados, usando y abusando del poder público sin Dios ni Ley.


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