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Opinión/ Creado el: 2018-02-17 12:48 - Última actualización: 2018-02-17 12:48

Corrupción, mermelada y pena de muerte

Escrito por: Amadeo González Triviño
 | febrero 17 de 2018

Esa forma de ser de los colombianos es propia de un pueblo que ha perdido el rumbo de su historia, que está condenado a repetir una y otra vez, la infamia de su propia despersonalización, de su propia pérdida de identidad, de ese proceso de ver surgir de las cenizas, una esperanza que vuelve y muere y vuelve a soñar y vuelve a morir y vuelve a soñar, ciclo eterno de nunca acabar.

 

No hemos vivido nunca y no sabemos que es vivir en paz. Hemos vivido según los historiadores o la vida misma que hemos tratado de sobrellevar, ese eterno y permanente repetir de dolores y angustias que se suman unas tras otras, para cohabitar con la corrupción, con el despilfarro del erario público, con la tristeza amarga de una complicidad ciega y muda, que se jacta de su propia mediocridad y de la ignominia de su miseria en el delito, con el crimen, con la impunidad.

 

Y viene una voz que convoca a imponer la pena capital como mecanismo de solución a los problemas que por delitos que se arropen con la corrupción, o por los delitos sexuales, como otrora se pretendiera, como una fórmula mediadora y salvadora que nos proponga un camino para erradicar este gran mal social que padecemos.

 

Pero todo es inútil. No es posible que se repita la historia del hacinamiento carcelario, con el hacinamiento de los cementerios y de las funerarias, en el evento de imponer una cadena perpetua o una pena de muerte para los autores de tan graves delitos. Porque a decir verdad, se tendría hoy en día que imponer tan severamente la ley, con la cual quedarían cobijados muchos jueces, fiscales, congresistas y políticos, amén de todos los miembros de los gabinetes municipales, departamentales y del Gobierno Nacional, y se depuraría en lo más profundo nuestra organización social, en el evento de hacerse realidad esta medida punitiva.

 

Y como un gran aliciente la CORTE SUPREMA DE JUSTICIA, sale con el cuento de investigar los delitos de la mermelada, como si fuera una gran noticia, cuando la omisión en iniciar dichos procesos de investigación y de involucrar no solo a los congresistas, sino incluso al Presidente y a todos los miembros del Gabinete de Gobierno, que han sido denunciados a diario por los medios de comunicación, por las organizaciones no gubernamentales y de lo cual, es conocido, como se conoció en su oportunidad cuando se trató de cambiar el “articulito” de la Constitución y que llevó a la cárcel a unos Ministros del anterior gobierno de la inseguridad democrática, ya que esa es la forma de gobernar, allí radica la esencia del poder y de la democracia.

 

Entonces, éste país de las eternas carcajadas, de la miseria judicial, que es la fuente de nuestra estructura social, cuando la corrupción es la panacea sobre la cual se ha edificado la política nacional y sobre la cual, se sostiene hasta un Premio Nobel de Paz, que terminó negociando a espaldas de la realidad nacional, una paz que no  ha buscado hacer efectivas la JUSTICIA SOCIAL, y que olvida como la ADMINISTRACION DE JUSTICIA, no funciona, no marcha y no tiene los mecanismos para actuar y todo se volvió una negociación entre el delincuente y la supuesta colaboración con la justicia, para que se roben mil millones y devuelvan menos del diez por ciento de lo robado?.

 

Así las cosas, no encontraremos el camino de la paz y de la reconciliación nacional. Ni una CONSTITUYENTE, nos salva de la corrupción o de la injusticia y la impunidad que son la base angular de nuestro Estado Social de Derecho, y todos como borregos a votar por la continuidad de las políticas que cada día, nos destruyen más y más. 


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