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Opinión/ Creado el: 2018-08-11 02:37 - Última actualización: 2018-08-11 02:37

Corrupción en la consulta 

Escrito por: Amadeo González Triviño
 | agosto 11 de 2018

Somos un Estado Fallido, dicen unos. Somos una nación donde los sectores políticos enlodados por una corrupción de más de doscientos años, como herencia del pueblo español, seguimos usufructuando el poder, engañando y disponiendo de los bienes del Estado, al arbitrio de cada quien, sin control, sin mecanismos de protección social y dando vigencia al caudillismo, al autoritarismo y a las formas de personificación del poder, que tanto daño le hacen a las grandes comunidades.

Ahora, luego de que el Congreso en pleno, sin una voz de partido disonante, se hubiera allanado a la realización de una CONSULTA POPULAR para combatir desde las urnas la CORRUPCION, y ahora se pregone que no se ha de apoyar por parte de unos, entendemos porque vamos para donde vamos: hacia la hecatombe total, hacia el despeñadero de una seudo-democracia y de una sociedad que a partir de ciudadanos torpes e ignorantes, no queremos aceptar la realidad y nos vamos dejando manipular, cuando con paños de agua tibia, pensamos solucionar los grandes males que nos aquejan, y le hacemos el quite a la posibilidad de convocar al pueblo para escucharlo y que decida su propia suerte y que se siga equivocando como sucede en cada jornada electoral, al elegir a los mismos, a los corruptos, a los menos indicados o a quienes compran y trafican con el voto.

Ese estado de adormilamiento y de vacío que nos ha llevado a vivir en el caos más profundo de nuestra sociedad, ha permeado todas las instituciones y como un flagelo que es la corrupción nos infecta en forma directa e indirecta, y es cuando tenemos que aceptar que no son aplicables pequeñas reformas, así como en el ámbito penal, las reformas procesales han sido un fracaso, es necesario recapitular los principios y las doctrinas que hemos abrazado con tanto apego, para entender que hay que volver a empezar a formar sociedad.

Pero el gobierno nacional pregona hasta una reforma a la justicia, busca evitar la morosidad judicial, y acabar con las prebendas para los delincuentes que atenten contra el patrimonio del Estado, pero no hace nada para combatir el hacinamiento carcelario, la inutilidad de los brazaletes o collares como deberían serlo, para quienes deben estar privados de su libertad en sus residencias y mucho menos, para que se decidan con prontitud los procesos penales, sino que por el contrario, los fiscales y la paranoia que nos ha contagiado, hace que muy pronto se venzan los términos, prescriban las acciones y la burla al derecho, a la justicia y a la autoridad, sean una constante de impunidad, de ilegalidad, que facilitan el delito y el crimen.

Estamos condenados a pregonar ideas disonantes entre los miembros de un mismo partido, y dentro de las colectividades que representan al pueblo colombiano, en el Congreso de la República, en las administraciones encargadas de hacer cumplir la ley, y en todas las instancias donde los ciudadanos concurren a luchar y procurar la defensa de sus derechos, y todo es un simulacro que entorpece y lacera las venas de nuestra sociedad, que en medio de su dejar hacer y dejar pasar, se limitó a ser un espectador pasivo del circo que cada día nos presentan los entes de control, sin que sus decisiones terminen por convencernos de la realidad de sus dichos y que sean coherentes con sus decisiones.

El rasero de la justicia, el manejo del poder y las formas con las que se pretenden desconocer los movimientos sociales, no es de ahora, es parte de un fenómeno que los estudiosos de las ciencias sociales, siempre han reconocido, cuando como falsos redentores de la sociedad, aparecen personajes que se encargan de propiciar fenómenos de distanciamiento y de división para reinar en medio de la confusión y del abandono, como nos está sucediendo en estos momentos. Y que venga el diablo y escoja a ver quién se salva.


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