jueves, 09 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2018-03-10 01:19

Corrupción electoral

Escrito por: Amadeo González Triviño
 | marzo 10 de 2018

Mañana se repite un proceso electoral. El panorama no es halagador. La forma como se ha repetido ésta campaña política, es idéntica, a todas las campañas que han antecedido nuestra era republicana. La corrupción y las formas de enlodar este proceso electoral se han tecnificado de tal forma, que es alarmante la manera como a raíz de normas establecidas para este proceso electoral, los electores que venden sus votos, terminarán siendo acompañados por terceras personas, que autorizadas por él, verificaran el cumplimiento de su oferta y darán fe de dicho negocio.

 

A todo lo anterior se le suma que estamos en presencia de una falacia de la democracia, todo es un engaño, incesante en el ir y venir de las maromas, prebendas y toda clase de tratos oscos que llevan tras de sí, una forma de perpetuar las arandelas de la corrupción que se enquistaron en nuestra sociedad, que se refrendaron con esos que dicen ser nuestros dirigentes y sobre todo, por la forma miserable de entregar curules y ceder la participación en política entre sus hijos, esposas, hermanos de quienes son investigados, perseguidos por una justicia cuestionada y por unos fallos aún más perversos como los que se conocen en la juridicidad nuestra, donde el delincuente de cuello blanco, paga una pena mínima, recibe una multa irrisoria, puede salir en poco tiempo a disfrutar de los miles de millones recibidos, robados o que siendo del erario público, constituyeron el fruto de su gestión legislativa o de su actos de gobierno.

 

Y todos nos quejamos de que hemos perdido el voto. Que ha sido inútil todo el cuestionamiento social que se hace en los procesos electorales, pero vuelve y se repite este drama, y se coartan las libertades y se suprimen los derechos. Se ha recordado por las redes sociales, toda esa suma de situaciones que han llevado a éste país al caos y a la confusión, con las decisiones y la forma de actuar de nuestros representantes a las corporaciones públicas, y nada de eso ha de servir, cuando en las urnas, hayamos de votar, porque nuestra ignorancia es tan agresiva, que como el Alzheimer, ha carcomido nuestra propia memorial y nos hará repetir el ciclo del eterno retorno a votar por los mismos, para que nuestra queja miserable, para que nuestra protesta se quede silenciada en el olvido.

 

Y entonces, todo será como antes, las elecciones no nos permitirán abrigar una esperanza, porque no la hay, y no podemos confiar en ella, cuando nuestras acciones no son coherentes con nuestras decisiones. Cuando en el trasfondo todo pasa a ser una pantomima electoral sin renovación, sin cambio, y nos enfrentamos a ese esquema insulso de querer atrapar al elector, con un abrazo, con una dádiva, con una promesa, con una idea que no siendo del candidato, solo es una alharaca de su propia ignominia, de su propia sinrazón, porque su alma, de ser elegido, ya estará atrapada por un establecimiento donde la desigualdad y el desequilibrio social, son el portaestandarte de una democracia de papel, de una libertad mancillada, de unos derechos inalienables vilipendiados y enriquecidos por la desidia, el abandono y la indiferencia de toda forma de poder.

 

Ha llegado la hora de recordar que ese juicio de responsabilidad histórica contra la clase política tradicional, se hace cada día más exigente, más inmediata y que no podemos darle tregua, ni dilatar más el proceso que ello demanda. No podemos dejar que como idiotas útiles se nos siga engañando y se nos prometan situaciones que no se pueden cambiar y que no se transforman con un voto o con una elección.

 

Es hora de tomar decisiones, decisiones que tarde o temprano han de llegar. Un pueblo no puede resistirse, a pesar de que nos hemos acostumbrado a esa rutina silenciosa a soportar la inequidad, la injusticia, la criminalidad y ser víctimas y victimarios de nuestro propio destino. Se necesita un veredicto que ponga fin a tantas formas de abuso del poder y de que los mismos continúen ejerciendo la manipulación, el desgobierno y que sobre falsas arandelas nos prometan lo mismo de siempre, con frases desordenadas y engañosas, que ya hemos vivido y que ahora se ha repetido por doquier.


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