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Opinión/ Creado el: 2018-05-12 01:50 - Última actualización: 2018-05-12 01:51

Cooperativismo y politiquería

Escrito por: Amadeo González Triviño
 | mayo 12 de 2018

El COOPERATIVISMO se enfrenta a un dilema desde las bases de su movimiento y su búsqueda o lucha contra la pobreza, como son en síntesis, sus fines misionales, tanto por su conformación en  delinear acciones y estrategias para consolidar un proceso solidario hacia el bienestar de sus asociados y se constituye además en una parte de la economía mundial, que día a día, se hace más sólida y representa para los estudiosos de ésta ciencia, en los grandes motores del desarrollo económico mundial.

 

Pero en pueblo pequeño, infierno grande, y es así, como en las pasadas elecciones para el Congreso de la República, apareció más de un líder del cooperativismo presentando sus banderas políticas, para acceder a esos cargos de representación popular. Hoy en día para las elecciones Presidenciales, no han faltado otros tantos que siguen dicho ejemplo. Y así ha sucedido hace algún tiempo, hasta el punto de que muchos dirigentes de nuestras cooperativas, llegan a hacer parte de procesos políticos partidistas, comprometiendo su organización social y poniendo en tela de juicio principios y postulados que direccionan el movimiento cooperativo a nivel mundial, en forma peligrosa y hacia el abismo social.

 

El Cooperativismo no puede prestarse para ser utilizado como mecanismos para suministrar adeptos a campañas políticas, ni para entrar al terreno de la confrontación ideológica en un país, como el nuestro, donde la corrupción, la politiquería y las formas acomodadas del gobierno de turno, vienen propiciando y generando esquemas para perseguir y hacer del Cooperativismo, un aliado o un foco similar al de sus grupos políticos.

 

Recordaba hace pocos días, cómo un Senador de la República, se prestaba en cierto momento, como lo siguen haciendo dichos dirigentes políticos, en el que se iniciaron una serie de investigaciones contra algunas COOPERATIVAS, por el incumplimiento de las normas que regulan la actividad a la que están destinadas y conformadas para el servicio público, y eran épocas preelectorales y se observaba un panorama de palmadita en el hombro y de casi que garantizaba el éxito de su gestión, para que tales procesos y las multas a imponer, fueran archivadas y menguara la exigencia de esa normatividad en su tarea.

 

El fracaso fue rotundo. El mismo Superintendente reiteraba al Senador, cuál era su papel y la imposibilidad de darle gusto, para exigirle y demandarle que desde el Congreso de la República, por el contrario, desarrollará iniciativas que favorecieran o protegieran la actividad mercantil o laboral de dichas COOPERATIVAS, y las multas se hicieron exigibles, y las sanciones no se hicieron esperar y para nada valieron las recomendaciones y los abrazos y los votos que se prometieron en su momento y con lo cual, la politiquería ha alcanzado uno de sus mayores réditos en la vida nacional, como quiera que hoy en día, son los garantes de la impunidad, de la corrupción y del estado de pobreza y de miseria del pueblo colombiano.

 

Es común en estos días, ver como algunas cooperativas siguen haciéndole el juego a la politiquería, siguen ejerciendo funciones de tramitadores de chanfainas y de votos para quienes están en la campaña política y con el cuento de que se están anunciando políticas de inversión y de protección al gremio agricultor, se está generando un compromiso y una forma velada y descarada de ser garantes de un proceso que no tiene reversa, cuando la producción agrícola en Colombia es de las más costosas por los insumos y de la más miserable para los agricultores al no poder competir con las importaciones o con la producción a gran escala de sus productos para hacer del agro, una posibilidad de supervivencia con dignidad y con esperanzas.

 

Esperemos que estas apreciaciones sean valoradas en su verdadero contexto y entendamos que el movimiento Cooperativo no puede prestarse a las campañas políticas, cuando son precisamente una forma de enfrentar las políticas estatales que regulan los mercados y los servicios, según la forma y la fuente de su enfrentamiento con el establecimiento.

 

Pero de idiotas útiles, está plagado gran parte de nuestro movimiento cooperativo hoy en día, como de pastores y de iglesias cuasi clandestinas que se unen de la noche a la mañana,  a algún candidato, hablando de una moral y de una ética que no tiene valor alguno dentro del contexto del reconocimiento de la dignidad humana.


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