Convirtamos “El Niño” en una oportunidad
Las afectaciones por el fenómeno de El Niño que probablemente más recuerda el país son las de los años noventa cuando nos vimos avocados al “apagón”. Todos los sectores, desde el agrícola hasta el de la salud, se vieron impactados. Se calcula que las pérdidas entre 1997 y 1998 ascendieron a $563 millones de dólares, afectando el crecimiento económico de Colombia.
El más reciente Niño que afectó al Huila fue el que llegó a al país entre 2014 y 2016, cuando Neiva, Ibagué, Tunja y Cúcuta, tuvimos un déficit anual de lluvia entre el 50% y el 65%. Fue necesario enfrentar racionamientos para poder superar el fenómeno que afectó a 719 municipios de 28 departamentos colombianos. Con aproximadamente 6.388 incendios forestales, el impacto ambiental fue incalculable.
Hoy estamos enfrentando un Niño que fue anunciado desde el año pasado para que tomáramos las medidas de mitigación que fueran necesarias para disminuir sus impactos negativos, como incendios forestales, desabastecimiento de agua e incluso racionamiento de energía, que afectan tanto a las zonas rurales, como a las ciudades.
Pese a las campañas de generación de conciencia frente a los fenómenos climáticos, es usual que todavía se vea a El Niño como algo lejano. Lo cierto es que en ciudades como la nuestra, tan expuesta a la variabilidad climática, deberíamos ya tener incorporadas a nuestras labores cotidianas rutinas para disminuir su impacto. Por ejemplo, las juntas de acción comunal pueden motivar acciones de limpieza y uso racional del agua en los barrios; el sector salud puede reforzar campañas de vigilancia y prevención para evitar enfermedades; las autoridades, vigilar que se cumplan las normas, e incluso los medios de comunicación pueden vincularse a través de campañas de ahorro y prevención.
Nosotros, cerca de 500.000 neivanos, podemos continuar con nuestro aporte para disminuir el impacto de El Niño con acciones simples como bañarnos en menos tiempo, reciclar el agua de la ducha para otras actividades del hogar, no encender fogatas ni arrojar basuras en las zonas rurales para evitar incendios forestales y almacenar agua de la forma adecuada para evitar la proliferación de mosquitos. Estas son algunas medidas inmediatas, pero debemos ir más allá, pensando en acciones a futuro y a largo plazo que nos ayuden a mitigar los efectos de la variabilidad climática y a adaptarnos a ellos.
Un departamento como el Huila, que alberga gran parte de la riqueza biológica de Colombia, que hace parte de la estrella hídrica más importante del país y tiene variedad de ecosistemas, es definitivo para el desarrollo; de allí que nuestros problemas ambientales no sean menores, porque aquí también hay deterioro del suelo, disminución de fuentes hídricas y deforestación, que nos afectarán a los neivanos primero.
El llamado es a pensar a largo plazo: hay que proteger nuestro patrimonio natural como las fuentes de agua y los bosques en las riberas de los ríos y en las cuencas. Situaciones como la de El Niño, que enfrentamos ahora, son la oportunidad para comprender la importancia de cambiar hacia hábitos que nos permitan mantener una buena calidad de vida sin poner en riesgo nuestros recursos naturales.
Solo así podremos pensar en Neiva como una ciudad sostenible y competitiva, que pueda hacer frente a fenómenos de variabilidad climática y esto lo lograremos actuando desde ya, pensando en el consumo sostenible de nuestros recursos naturales, en disminuir la contaminación y utilizar fuentes de energía sostenibles y en reducir nuestra vulnerabilidad a los riesgos naturales. Vivir en una ciudad sostenible requiere del compromiso de todos y aunque hay otras responsabilidades de diversos sectores, es mucho lo que los ciudadanos podemos hacer para transformar nuestra ciudad, que tiene vocación natural de líder en el sur del país.
