Control a la especulación
A pesar de las medidas gubernamentales para controlar los desbordados incrementos de precios de los productos de la canasta, las familias colombianas, están padeciendo este flagelo económico que no se compadece con la crisis social y económica en que se encuentra sumida por la cuarentena nacional que ha ordenado el ejecutivo.
Todos conocemos que esta crisis que ha originado la pandemia del Coronavirus ha obligado a las autoridades a tomar determinaciones de establecer el aislamiento social obligatorio, con el fin de controlar su expansión. Tales determinaciones han empezado a generar unos procesos especulativos con los precios de los bienes de la canasta familiar, que, por el aumento de su demanda, los precios se han incrementado de una forma desproporcionada e irracional.
Igualmente, la Central de Surabastos de Neiva viene operando con normalidad. No existe desabastecimiento de alimentos. Además, no existe escasez de estos bienes esenciales, que garantizan el suministro de alimentos a todas las familias colombianas. Por lo tanto, no es justo que en medio de esta crisis que está padeciendo toda la sociedad, existan algunos distribuidores que estén abusando y aprovechándose de esta situación especulativa.
A través de las redes sociales, se está denunciando la forma irracional como los precios de los alimentos están superando incrementos del 300%. Las autoridades deben ejercer mayores controles y sancionar drásticamente a estos comerciantes que buscan lucrarse en medio del dolor y el desespero en que se encuentra sumida la sociedad colombiana, por su estado de confinamiento.
Estos agentes económicos, deben comprender, que estamos viviendo tiempos que, paradójicamente, también son de enorme fragmentación social, no obstante estar todos conectados, y caracterizados por un individualismo que con facilidad se torna nocivo. Es indispensable que por lo menos, es significativo que todos los miembros de la especie, compartamos un mismo conjunto de emociones, miedo, incertidumbre, ansiedad y vivencias, en medio del confinamiento, restricciones de la movilidad; en fin, cambios drásticos en la rutina.
Y no es justo que se aprovechen estos desadaptados comerciantes que no se compadecen del dolor y la desesperación, que el aislamiento social que provoca en la salud de las personas. Ante la pérdida de empleos, el desespero social y la forma como se encuentran millares de personas, que no vislumbran una luz al final del túnel, dada la incertidumbre como se propaga este virus mortal que amenaza la supervivencia de los seres humanos en el planeta, y sin conocer realmente el tiempo de duración de estos confinamientos, para lo cual se les insta para que recapaciten y se conviertan en mercaderes de la muerte.
