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Opinión/ Creado el: 2020-08-24 01:53

CONTINÚA EL HORROR

Escrito por: Redacción Diario del Huila | agosto 24 de 2020

En Colombia no cesan los asesinatos selectivos de líderes sociales y personas que habitan en los territorios donde se desarrollan las actividades del narcotráfico. No interesa que estemos viviendo en medio de la más profunda crisis social y económica que está atravesando la sociedad colombiana por la irrupción de la pandemia de la Covid-19, que ha permeado negativamente el bienestar de la sociedad colombiana. El confinamiento prolongado termina por debilitar lazos que son vitales para fortalecer a las comunidades de cara al embate de los armados.

Lo que está ocurriendo en estos territorios, horroriza a la comunidad internacional. La ubicación estratégica en la que confluyen rutas del narcotráfico, cultivos ilícitos y explotación minera ilegal, en un marco de añejos conflictos sociales y de una histórica deuda social del Estado. Se conviertes en el escenario propicio para operen estos grupos criminales, que viven en permanente disputa por controlar la mayor cantidad de rentas, pasando por encima de quien se atreva a frenar el avance de su maquinaria de muerte, que acaba con todo lo que apele a la vida.

Pero existen factores adversos que les impiden desarrollar libremente sus actividades ilícitas. El accionar de las Fuerzas Militares y de la Fuerza Pública, han logrado asestarles fuertes golpes que han debilitado sus accionar belicista. Pero el liderazgo local, la defensa del medio ambiente y las prácticas agrícolas legales, están generando obstáculos contra los intereses de estos grupos narcoterroristas, que están siendo dirigidos por los comandos de las disidencias de las Farc y el ELN que se encuentran refugiados en Venezuela, con la complacencia del dictador Nicolás Maduro y su aparato armado.

En el país, en lo que va corrido el presente año, han ocurrido 43 masacres en Colombia, donde se contabilizan 181 víctimas mortales por cuenta de estos crímenes. El capítulo de dolor que se está escribiendo con la sangre de colombianos asesinados, entre los cuales se encuentran los jóvenes asesinados parecía ser historia del pasado. Se había pensado que el macabro recuento de las masacres había quedado en los libros o en bases de datos para consulta. Pero no. En plena pandemia, los grupos armados ilegales de todos los pelambres han recurrido a las matanzas de civiles para amedrentar y para decirles a las poblaciones, a punta de fusil, que quieren mandar en un territorio.

Tal vez el despliegue masivo de tropa deba acompañarse de otras estrategias por el lado de la inteligencia, la seguridad ciudadana y la presencia estatal integral para que, además de contrarrestar el tráfico de drogas, se garantice la tranquilidad de la gente y, con dolor hay que decirlo, el futuro de los jóvenes.