viernes, 10 de julio de 2026
Opinión/ Creado el: 2017-08-30 01:57

Consumo responsable

Escrito por: Orlando Parga Rivas
 | agosto 30 de 2017

El desperdicio de alimentos en el llamado primer mundo es alarmante, mientras que los gobiernos de numerosos países en vías de desarrollo pasan las duras y las maduras buscando formulas mágicas para contrarrestar el hambre y la miseria. De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), al año se llegan a desperdiciar 1.300 millones de toneladas de comida en el planeta, una pérdida que indigna porque en contraste cada día mueren veinticinco mil personas por causas relacionadas con el hambre.

Lo anterior se debe a la falta de políticas públicas, un plan local de seguridad alimentaria y una verdadera conciencia ciudadana para revertir el desaprovechamiento inusitado de alimentos y alcanzar los dos principales objetivos de desarrollo sostenible global, adoptados por la comunidad internacional en Asamblea General de las Naciones Unidas: poner fin a la pobreza en todas sus formas en todo el mundo y¸ erradicar al hambre, lograr la seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición y promover la agricultura sostenible.

Ese derroche de alimentos, de acuerdo con la FAO, genera pérdidas económicas cercanas a los 750 mil millones de dólares. Y esto pasa mientras grandes franjas de población vulnerable como niños, ancianos y mujeres, que deben gozar de especial protección, sobreviven en prácticamente en la indigencia. En tal contexto, todos los actores de la sociedad debemos multiplicar y aunar esfuerzos en la eliminación del hambre, la malnutrición y la pobreza en el mundo.

Una de las cosas que preocupa y que debemos comenzar a corregir por casa es a no tirar comida a la basura; al menos 20 kilos de alimentos al año son arrojados por cada hogar. Ahora imaginémonos lo que se desperdicia en las grandes superficies, los restaurantes, las instituciones públicas y la producción.

Y qué debemos hacer ante esto: mejorar nuestros hábitos de consumo, las grandes superficies entregar en donación alimentos próximos a vencer, crear acciones gubernamentales en definir estrategias que faciliten el alimento como comedores comunitarios o sociales y ser generosos en el momento de fraccionar el pan.

La publicidad y el mercadeo enfocan su estrategia en el despilfarro alimentario con el único fin de aumentar el consumo. Y por eso sus piezas publicitarias están enfiladas en el dos por uno y con eso las familias caen en sus redes y permanecen con la despensa llena y a reventar, pero al final el resultado es la descomposición y pérdida de lo que no se alcanza a consumir.

Es muy común encontrar personas buscando algo de alimento parar calmar el hambre o llevar a casa, entre los desechos de hogares, instituciones y supermercados.  Como no existe ninguna reglamentación o prohibición de recoger alimentos en los contenedores de la basura, las grandes superficies arrojan azul de metileno a los productos que aún se pueden consumir para evitar ser demandados en caso de una intoxicación alimentaria.

En Neiva, por ejemplo, una cadena de supermercado despidió a un empleado por recoger cosas de la basura y en ocasiones arrojan cristales de botella para que las personas no cojan alimentos. Promovamos una campaña en no votar nada de alimentos en buen estado a la basura, o mejor aún, para donarlos antes que se descompongan y tener que tirarlos.

Las instituciones públicas y fundaciones deben dedicar esfuerzos a implementar talleres de cocina con el fin de aprovechar los alimentos que sobran o la sobreproducción alimentaria. Y con esto desmitificamos que el despilfarro está ligado a la sociedad de consumo.

Ahora bien, promovamos acciones o campañas de consumo responsable en los hogares, y comencemos con la creación de proveedurías o tiendas sociales para ayudar a las personas que carecen de alimentos.  Lo que para unos pocos es desperdicio o basura para muchos es un manjar.


Comentarios