CONSUMO ALARMANTE
Muy preocupadas se encuentran las autoridades por el consumo de sustancias psicoactivas durante el periodo de la pandemia, donde el aislamiento preventivo obligatorio ha generado un proceso de transformación de las costumbres al interior de las familias, que ha venido siendo aprovechados por algunos de sus integrantes que son adictos, para satisfacer de manera irracional su apetencia por estos narcóticos. Para ello, se han detectado organizaciones criminales, que se han vuelto creativas para desarrollar estas actividades delictivas, mediante prácticas domiciliarias.
Hay que destacar el accionar de las autoridades policiales y a la Fiscalía General de la Nación que han asestado grandes golpes a estos jibaros en todo el territorio nacional. Durante los últimos 40 días, han decomisado más de 22 toneladas de narcóticos y se han desarticulado grandes organizaciones criminales, que están atentando contra el bienestar de la sociedad colombiana.
Antes que se presentara la pandemia de la Covid-19, era muy deprimente el espectáculo que se observaba en la mayoría de los parques en las ciudades del país, por el consumo creciente de sustancias psicoactivas por parte de las nuevas generaciones, sin que existieran los suficientes controles gubernamentales, producto de la laxitud de las normas que existen actualmente.
En numerosos sondeos, así como en distintos espacios en los que la ciudadanía expresa sus preocupaciones en materia de convivencia y seguridad, la venta de estupefacientes en cercanías de los centros educativos siempre ha aparecido como un dolor de cabeza para padres de familia. Y con toda la razón.
Ahora bien, es evidente que esta tarea no puede recaer únicamente en las autoridades. Los padres de familia y, en menor medida, las instituciones educativas tienen también la responsabilidad de prevenir el consumo problemático de estas sustancias. Es de vital importancia prestar atención a la salud emocional de los menores desde sus primeros días hasta la adolescencia, y para ello la receta no es muy compleja: por ejemplo, que los padres reasuman tareas que han sido delegadas a las pantallas de los dispositivos electrónicos.
Igualmente, de acuerdo con las autoridades, a pesar de que se han adoptado políticas consistentes para luchar contra el consumo de sustancias psicoactivas, cigarrillos y sus derivados, hoy se evidencia que los niños empiezan a fumar alrededor de los 12 años y en muchas ocasiones, a los 7 años ya tienen contacto con estas sustancias lesivas para la personalidad de las nuevas generaciones. Está muy claro, y Colombia sí que lo sabe, que el asunto de las drogas ilícitas requiere de un abordaje integral: alcanzar un equilibrio entre eficacia de las autoridades, todas, y compromiso de los hogares.
