Confusión y caos: dólar, rearme e inmigrantes
Los colombianos estamos viviendo situaciones de incertidumbre supremamente complicadas por los fenómenos sociales, naturales, económicos y políticos, relacionados desde el ámbito local, y que se vive en nuestras tierras, en nuestro país y a su vez, provienen de política exterior, y parece que no tuvieran una salida y no nos ofrecieran una perspectiva de vida o de utilidad en los próximos días, sino que por el contrario, se acentúan de tal manera que quedamos a la deriva, viviendo en la nebulosa, sin saber qué camino tomar o que decisiones adoptar.
A nivel local, el sector gremial realizó un foro con los candidatos a la Alcaldía Municipal, que dejó muchos vacíos y especialmente llama a una reflexión seria y ponderada de todo lo que ha de ser el ejercicio de dicha función por los candidatos con los que tenemos que resignarnos en los actuales momentos. Todo parece indicar que el voto, no está entregándose a las comunidades debidamente informado, lo cual es una forma de engaño y de trampa al elector, y todo se corresponde a especulaciones direccionadas como siempre enmascaradas en afrentas y disquisiciones sin sentido, hasta el punto que esta campaña local es una alegoría a la indecencia administrativa y a lo que ha de ser un periodo muy difícil y complicado, cuando no se tiene la suficiente ilustración para plantear salidas a los fenómenos de inercia y de parálisis que vivimos hace mucho tiempo. La Administración Municipal, va en retroceso y las autoridades al igual que sus candidatos a dirigirla, no tiene rumbo.
A nivel nacional, en el aspecto económico, todo vaticina un aumento desmesurado de la inflación que crece frente a la desvalorización de la moneda, con el aumento de la tasa de cambio, por la paulatina variación del dólar, que tiene implicaciones graves a todos y cada uno de los colombianos y que ha de sumarse en los próximos días, a un encarecimiento de los elementos mínimos requeridos en la canasta familiar, por la incidencia en el sistema financiero y la imposibilidad de soportar los sobrecostos de productos, bienes y servicios que se traduce en toda la economía mundial y afecta la nuestra, lo cual se complica con el incremento del desempleo y la pérdida adquisitiva del salario mínimo.
Y si, conforme a estas premisas locales y nacionales, se ha de tener en cuenta el resurgimiento o “rearme” como se ha denominado de algunos miembros desmovilizados de las FARC desde las selvas colombianas, como consecuencia del manejo irregular de los acuerdos de la Habana y la puesta en marcha de los mecanismos de protección de los líderes sociales y de las tareas que se corresponden en todos los sectores de la sociedad, el país se suma a una proyección de confrontaciones ideológicas en las que cada bando, cada sector, se llena de razones para increpar y fundamentar en contra del otro, en uno y en otro sentido, sin lógica y sin proyección de comprensión, de resocialización y de reivindicación de las causas generadoras de la violencia que hemos vivido durante más de sesenta años, todos terminamos siendo víctimas de un proceso que no ha sabido ser concebido por la gran mayoría de los colombianos y por el cambio de rumbo político en la administración de los destinos de la Patria.
Finalmente el país, ha de sufrir en los próximos meses, las consecuencias de la política exterior de los países vecinos y amigos de una supuesta defensa de la democracia contra el Gobierno Venezolano de Maduro, siendo Colombia un gran damnificado de tales políticas de nuestros países vecinos, como son el cierre de la frontera ecuatoriana, o peruana o brasilera, lo cual cobra otra dimensión con la política interna sobre nacionalización de los hijos de los venezolanos inmigrantes, con la forma como la oferta de la mano de obra y el crecimiento del desempleo en nuestra tierra, o la destinación de recursos a su protección y apoyo, todo lo cual, se suma en una forma de abandono de nuestras clases pobres o que se encuentran en la miseria, por una solidaridad mal dimensionada o mal diseñada dentro del populismo demagógico que queremos aparentar.
Caos, confusión, desarticulación de las instituciones y toda una gama de inquietudes que fácilmente nos darían para grandes movilizaciones ideológicas y controversias en uno y en otro sentido, que por ahora, me permiten reflexionar y llamar la atención para que entendamos que como colombianos, hemos perdido identidad, hemos perdido la fortaleza en nuestras instituciones y que nos anticipamos a una continuación de momentos de guerra y de violencia, que se traduce en la ausencia de políticas de revitalización de la hermandad y de la búsqueda de la paz, como base angular de la sociedad del siglo veintiuno.
No asumimos aún nuestra propia identidad y los postulados de nuestra Constitución, no dejan de ser más que simples principios que se traducen en letra muerta, en una Constitución de papel, y que no se nos anticipa nada bueno.
