CONFUSIÓN E INCERTIDUMBRE- ¿CONSTITUYENTE O REFERENDO?
Por Ernesto Cardoso
Los acontecimientos que han venido ocurriendo en el país desde que se conoció el triunfo del NO en el plebiscito que rechazó el contenido del Acuerdo Final de Paz; decisión soberana del pueblo en quien reposa la fuente del poder público tal como se define en el preámbulo y en el artículo tercero de la Carta; acrecentó el desgaste institucional de nuestro Estado Social de Derecho representado especialmente en las evidentes falencias del sistema judicial y en la aberrante corrupción en todos los niveles del poder político.
Este desgaste ha contribuido a la acumulación de los problemas sociales, económicos, culturales y ambientales por la evidente ineficiencia del Estado que explican la falta de gobernabilidad del presidente Duque; quien no obstante haber sido elegido con legítimas mayorías democráticas, enfrenta una perversa estrategia de oposición orquestada por la izquierda radical con la complicidad de sectores políticos tradicionales supuestamente independientes pero que disfrutan, unos más que otros, de importantes posiciones de la burocracia nacional y regional.
Cumplidos los dos primeros años de su período, una observación objetiva permite afirmar que el esquema adoptado por el presidente en el sentido de gobernar con técnicos sin representación política en los ministerios y altos cargos del Estado; en el sano propósito de combatir la corrupción política derivada de la famosa mermelada; le ha sido cobrado con creces por la dirigencia política que no abandona su estilo clientelista como medio eficaz para mantener sus privilegios.
Adicionalmente, hoy es evidente también que al presidente le faltó decisión para informar el real estado de la Nación con un claro corte de cuentas; hecho asumido por el Senador Macías por el que recibió en su momento rayos y centellas, precisamente de quienes usufructuaron la dilapidación de los recursos públicos como contraprestación a los apoyos políticos para la reelección de Santos, la negociación y el acuerdo de paz que condujeron al premio Nobel.
Por otra parte, el bajón en los precios del petróleo de donde la Nación deriva cerca del 15 % de sus ingresos fiscales; los bajos precios internacionales de los productos y materias primas de exportación; la pandemia del Coronavirus que esta causando la destrucción económica y social del país y la migración de más de un millón quinientos mil venezolanos demandando empleo y servicios sociales; la persistencia creciente del narcotráfico y la violencia criminal; han exacerbado las sensibilidades sociales y la polarización política e ideológica, factores que en su conjunto han incidido en el desgaste del gobierno pero también en la perdida de credibilidad y confianza en las instituciones democráticas.
Como si todo lo anterior fuese poco, la controvertida privación de la libertad del expresidente Uribe, constituye sin duda alguna, el punto de quiebre que coloca al gobierno Duque en su mayor fragilidad.
La gobernabilidad en un sistema democrático presidencialista como el que caracteriza a Colombia, se sustenta en la fortaleza y unidad del partido de gobierno que permite convocar a los demás sectores políticos en torno a los propósitos comunes de una nación; condición que hasta ahora no ha existido, pues han sido evidentes las críticas provenientes de la bancada uribista en el congreso y especialmente de sus electores, considerando, con razón, que Duque ha decidido gobernar con los santistas y caracterizados contradictores del expresidente Uribe, desconociendo por completo a quienes contribuyeron a su elección, generando una inconveniente fractura en la unidad del uribismo.
En éste amplio contexto del devenir histórico es indudable que la incertidumbre y la confusión se han apoderado de los colombianos. Ello explica también que las propuestas de convocar una Constituyente o cualquier otro mecanismo que permita reformar la justicia han entrado al debate nacional. Sin embargo, el desgaste institucional; la ineficiencia del Estado para resolver las angustias y necesidades económicas, sociales, culturales y ambientales de nuestra sociedad van más allá de la politización y cartelización de la justicia.
Ojalá el presidente Duque tenga las condiciones para asumir éste imprescindible liderazgo, pues otra oportunidad no va a tener para demostrar el talante de buen gobernante y líder visionario. De lo contrario, el implacable juicio de la historia lo sepultará como a algunos de sus antecesores.
COLETILLA.- Nadie discute que al expresidente Uribe no lo investigue la justicia. Lo que se exige de la Corte es que lo haga sin sesgos políticos o ideológicos y en condiciones de igualdad. El haberlo privado de su libertad es un indicio claro de su evidente parcialidad y de los propósitos políticos implícitos que ello significa.
