Conductas miserables
Por: Luis Humberto Tovar
Hay comportamientos humanos tan detestables, que realmente repugnan a los sentidos en una sociedad medianamente normal, si se puede llamar así, sin otro apelativo que llamarlos miserables.
Esto significa que, es ruin y canalla, quien asume esos comportamientos, que, por ser tan repugnantes a los ojos de la sociedad, producen desprecio y animadversión. Lo grave de todo esto, es que desafortunadamente hemos llegado a unos niveles de podredumbre moral, y con mayor razón en el manejo de los recursos públicos, que llegaremos, ojalá sea pronto, a encontrar un General Lee, aquel político de Singapur, que hizo de esa sociedad ejemplo de prosperidad, tomando determinaciones definitivas para sanear la cultura del hampa en que estaba sumergida esa nación.
Encontrarnos con situaciones, según la Personería de Neiva, de alimentos enterrados en una Institución Educativa de Neiva, en forma misteriosa, es una ratificación de la descomposición moral y criminal de sus autores, que clama al cielo el castigo apropiado, sin las componendas acostumbradas de nuestra mal llamada justicia, máxime cuando esos mismos y otros niños de nuestra sociedad se mueren literalmente de hambre, y quienes no mueren, sufren las consecuencias degenerativas de la malnutrición.
¿Será tema adicional hacia el futuro de cadena perpetua, como la violación de menores?
Tendrá esto que ver con los restaurantes escolares, donde según lo que hasta ahora se ha hecho público, es el epicentro de los mayores niveles de corrupción, y que, por tratarse de estar involucrados derechos fundamentales de los menores, merecen ser llamados miserables, y, los contratos viales, casos (Tello - Baraya), (Neiva – Palermo).
De otra parte, la misma Fiscalía, denuncia que el microtráfico de estupefacientes, “en colegios y universidades, es liderado por profesores”; semejante atrocidad, qué miserables.
Esa es la realidad no solamente local y regional, sino que se extiende a toda Colombia; es la consecuencia de la liviandad con que se manejan los asuntos de la sociedad, la educación en complacencia con el delito, ese contubernio inaceptable entre profesores y el delito donde involucran a los niños y jóvenes, que son el futuro de nuestra sociedad.
La dosis personal, la legalización de estupefacientes como terapéuticos para nuestras dolencias, todo mal fundamentado en el supuesto derecho al “libre desarrollo de la personalidad”, encontraron desde hace bastante tiempo su caldo de cultivo en jóvenes, anuncio de un futuro desechable para nuestra sociedad.
Dios nos bendiga en esta Navidad, nuestro deseo ferviente.
