Con quienes se cuenta
La intensa actividad proselitista de estos días no deja mucho tiempo para escribir, pero proporciona muchas ideas y temas relacionados con las campañas que se adelantan, que bien vale la pena analizar, a pocos días del primer tiempo de la contienda electoral, que se inicia el 11 de marzo próximo con las elecciones parlamentarias y terminará en junio con la segunda vuelta para la elección del nuevo Presidente de la República. Estas son quizás las elecciones más controvertidas e imprevisibles en sus resultados, porque además de que son muchos los aspirantes y pocos serán los elegidos, es tal la diversidad de pensamientos y propuestas, que es incierta la conformación del próximo congreso, que ojala esté integrado por los más decentes, los más educados, los más honestos, los más inteligentes, como lo pregonan los diversos partidos en contienda, pero también por los más experimentados y de comprobada probidad y rectitud en el ejercicio de sus funciones legislativas, en beneficio de su región. Su afinidad con el nuevo Presidente de la República es igualmente incierta. Cómo va a quedar integrado el nuevo congreso y quién será el próximo Presidente, son las preguntas del millón.
Son diversos también los grupos humanos que decidirán la suerte del país durante los próximos cuatro años y quién sabe cuántos años más, eligiendo o dejando de hacerlo, a quienes puedan representarlos de la mejor manera. Los hay escépticos, desinteresados, críticos, abstencionistas y por supuesto la nueva generación de electores o abstencionistas, que son quienes se nutren, se contagian y contaminan, de la abundante y no siempre bien intencionada información que circula en las llamadas redes sociales, en las que permanentemente se hacen burlas de la clase política, como la de ofrecerse para participar en las reuniones por precios que dependen de que se tenga o no una silla y se griten consignas en favor del candidato. Esta actitud irrespetuosa, pesimista y cargada de ironía, es quizás la que más daño hace a la democracia, porque son personas que piensan que en este país todo está perdido, que nada es bueno, que nada sirve. Pero están también los que piensan distinto y creen firmemente que como buenos ciudadanos, deben cumplir con el deber sagrado de elegir, mediante el voto popular, a quienes habrán de regir los destinos del país, porque así lo dispone nuestra Constitución Política.
En medio de tanta incertidumbre, es muy alentador ver como a día tras día, en los barrios, en los municipios, en el campo y en la ciudad, se congregan personas que expresan de manera sincera su apoyo a sus candidatos, y sorprende gratamente la presencia mayoritaria de las mujeres en todas las campañas.
HUMBERTO CARDOSO VARGAS
humbertocardosovargas@hotmail.com
Por estas épocas electorales se experimenta en el país una evidente actividad político-partidista, con el propósito de acceder a los privilegios que nuestra democracia depara para quienes tienen liderazgo y vocación de servicio. Una gran masa de personas de todas las condiciones, impredecible e incontrolable, decidirán cómo habrá de integrarse el próximo Congreso de la República y quien habrá de ser el nuevo Presidente de los colombianos. Los diversos matices ideológicos de los aspirantes, como nunca antes se había visto, terminarán por elegir un Congreso altamente fragmentado y dividido, como consecuencia de la encrucijada en la que se encuentra el país, que tiene en su horizonte las opciones claramente definidas de la izquierda o la derecha, ya no liberal o conservadora como ocurrió durante mucho tiempo.
Afortunadamente las autoridades correspondientes, han conseguido sacar del escenario de la política a los aspirantes inhabilitados que hábilmente pretendían intervenir en el debate electoral y contrarrestar, con sanciones efectivas, el llamado trasteo de votos y se han menguado prácticas funestas, ejecutadas por grupos armados al margen de la ley, que ejercían violencia sobre el elector para que votara de una determinada manera o se abstuviera de hacerlo y no obstante el considerable abstencionismo, existe una franja importante de ciudadanos, por fortuna muchos de ellos jóvenes interesados en la política, llamados a preservar nuestra centenaria vocación democrática. Sin embargo subsiste un importante grupo de electores, que posiblemente votarán según sus necesidades más apremiantes, sin ninguna convicción de orden ideológico y por intereses puramente personales, a diferencia de aquellos que lo harán convencidos de sus ideales políticos.
Lo cierto es que los colombianos debemos prepararnos para asumir la etapa del posconflicto, dispuestos a disipar los miedos del fantasma del castro-chavismo y convencidos de las bondades del proceso de paz, que cerró un capitulo funesto en la historia de Colombia, para que a corto plazo, dependiendo del nuevo gobierno, tengamos un país mejor que el que hubiésemos podido tener, si no se pone fin al conflicto armado con la guerrilla de las Farc. De no ser así corremos el grave riesgo de interrumpir o aplazar, quien sabe por cuantos años más, el proceso de reconciliación que hemos iniciado. En nuestras manos está el futuro del país, votemos en serio y sin miedo.
