Con la toga en la mano
Por Luis Humberto Tovar
Considero es la forma mas particular de identificar el actuar de las altas cortes. Mientras todo el mundo habla de la reconciliación, de aceptar con respeto la diferencia, pensando en la viabilidad del país, desde las altas cortes solo se estila veneno, odio, persecución e invocan con sus sentencias, la destrucción y la sangre.
Se quitaron la toga de la cabeza, donde debe estar, y ahora la utilizan en las manos para participar deliberadamente en ese proceso ensangrentando de la patria, y aún más, inyectándole ingredientes desconocidos en los regímenes democráticos, y convocando a judicializar la democracia y a absolver la dictadura.
Mientras el país nacional, habla de reconciliación, de aceptar la diferencia, desde las altas cortes se lanzan los rokets, las bombas y las granadas, una verdadera artillería contra el líder de la oposición, ejercicio democrático que es ahora perseguido por la justicia, declarando el bien como delito y el delito como el actuar normal propio de arcángeles.
La nueva organización delincuencial, es decir, la JEP, amparadas en unos llamados magistrados, sin funciones, sin normas de procedimiento, es decir, volando por instrumentos, han tomado la decisión de interceptar todas las comunicaciones desde algún tiempo, con el fin de perseguir a la oposición y a quien se oponga a todas las aberraciones que se han generado como consecuencia del llamado acuerdo Santos Timochenko, ya no acuerdo de la Habana sino del teatro Colon, es decir, todo un teatro delincuencial para favorecer a la delincuencia.
De ahí las decisiones de las altas cortes, empeñadas moral e intelectualmente a un régimen de odio, de persecución, de atravesarse a cualquier posibilidad de aceptar, como en cualquier democracia decente, la diferencia.
Flaco servicio histórico, le prestan esas altas instancias del Estado, que con sus decisiones se han convertido en la gasolina de la convulsionada Colombia, haciendo pareja perturbadora de la tranquilidad nacional junto con el narcotráfico.
Las perturbaciones del orden público, como actos violentos como levantamientos populares para llevar a la nación a eventuales tragedias lamentables, con saqueos, robos y atracos, en un ejercicio parecido al 9 de Abril, para llevarnos a una tragedia nacional, para posteriormente declarar el estado de perturbación del orden público, el estado de sitio, y restringir al máximo la posibilidad de un proceso electoral con limitación de los derechos fundamentales, o llegar a la suspensión de las elecciones.
Esto esta grave.
