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Opinión/ Creado el: 2020-06-06 12:50 - Última actualización: 2020-06-06 12:51

Columnista de opinión

Escrito por: Amadeo González Triviño
 | junio 06 de 2020

Por Amadeo González Triviño

Algunos amigos lectores de nuestras columnas de opinión en los diarios de amplia circulación regional y nacional, al igual que cuando se difunden nuestras ideas por las redes sociales, se molestan con los textos publicados por la forma como se presentan hechos y circunstancias que deben llegar a sensibilizarnos de la realidad social y humana y proyectar nuestra visión del mundo que nos rodea, molestia que se traduce en que exponemos nuestras opiniones sin presentar salidas o soluciones a los problemas que planteamos.

Al respecto he de recordar que el columnista de opinión busca plantear su visión, es subjetivista, no puede proponer soluciones porque no es el administrador de los recursos o de los comportamientos humanos. El columnista de opinión debe ser dentro de su amplitud de subjetivismo, objetivo frente a la forma de presentar sus escritos, para que sencillamente sus lectores encuentren formas de desnudar la realidad, para que sus argumentos sean analizados y estudiados en pro y en contra de quienes deben buscar una salida o una solución al conflicto o al tema en ciernes que se plantea a la opinión pública.

Además el columnista es independiente, o al menos debe procurar su completa independencia para no terminar siendo el jefe de prensa de una administración como suelen hacerlo muchos locutores de pueblo, sino que solo se nos exige argumentar el planteamiento y dejar puertas abiertas para el diálogo.

Por eso con René Descartes nos unimos para pregonar a los cuatro vientos, que los lectores y todas las personas que busquen encontrar una solución o un camino de luces a las ideas que se le ofrezcan en ese ejercicio por encontrar la verdad o aproximarnos a ella, no pueden quedarse con una opinión que escuchen o lean, sino que se deben buscar otras salidas, otras ideas, otras actitudes y plantear con argumentos la réplica.

Es cuando surge el disenso, entendida ésta como la opinión contraria, la discrepancia, la reflexión que lleva a generar una diferencia conceptual sobre algo y que termina siendo el camino argumentativo para romper el consenso, como la armonía de las partes en la solución de un conflicto.

Ese disenso es necesario cuando se respetan las ideas, cuando se busca generar un acuerdo y hay que escuchar las voces disonantes, hasta llegar en posible a ese consenso, a ese acuerdo de voluntades. Es parte de un proceso de negociación de ideas, en las que necesariamente las fórmulas argumentativas tienen la solidez o la debilidad para flaquear o para consolidarse como ideas rectoras dentro del grupo social o dentro de una confrontación de ideas.

Un lector afirma que no debe darse bienestar a o alimentos populares a las familias, porque ellas van a terminar en la piara alimentando esos animales. No es mi caso controvertirla, la experiencia puede haberla llevado a esa práctica, o puede ser una persona ostentosa que no le importa el drama humano de la miseria o la pobreza que nos acosa. Lo cierto es que cada quien es actor de su propio destino y se ha de alimentar con sus ideas o con aquellas que sean más viables o conducentes en la construcción de su sociedad y de su forma de vida.

Por ahora disiento e interpreto ideas y busco tener y construir las que considero válidas para mí.  La labor que me propongo es que mis lectores piensen, no que me sigan o me acepten, pero que argumenten sus propias reflexiones para bien de hacer sociedad y que poco a poco alcancemos esos acuerdos sociales que desde la perspectiva del otro, se ofrecen para encontrar la convivencia, el respeto y la tolerancia social, que tanta falta nos hace y que termina siendo el camino por el cual, se viene acabando con el otro, por violencia o con la violencia misma.

Quedan ideas y nos faltan momentos de reflexión. Nunca es tarde para generar esos diálogos y estamos convencidos que hay que saber leer las columnas de opinión y no encontrar en el columnista una persona con la que no se puede dialogar o no se puede controvertir los caminos hacía la solución de las controversias o de los problemas sociales.