Colombia: otro idioma para la paz
Por Álvaro Hernando Cardona González
Nuestro país sigue demostrando que va de espaldas al sentido común y la ética más elemental.
Hace unos días, luego de conocer la actitud re-victimizante del señor Rodrigo Londoño, a quien los medios siguen llamando como Timochenko, su alias en la banda delincuencial la que pertenecía, negándose a reconocer lo ya harto probado y hasta documentado por esa misma organización criminal sobre reclutamiento forzado y abortos en menores de edad, la mayor parte de la sociedad lo rechazó.
Entre los comunicados de prensa, opiniones de columnistas y expresiones de actuales concejales de Bogotá, parlamentarios y candidatos en la política, las expresiones variaron. Pese al rechazo, insistimos, casi unánime, porque muchos habituales no lo hicieron (los lectores ya saben quiénes porque son muy obvios) se mantiene un lenguaje que tergiversa la realidad de la violencia nacional. Y que definitivamente cada vez más es necesario precisar para contribuir a sincerar sus causas, para terminar la división frente a esas causas y ponerles definitivamente fin.
Es absolutamente inexplicable que nos acostumbremos a maquillar lo obvio, lo que el sentido común indica y hace irrefutable y, sobre todo, lo que la ética más elemental concluye. Y empieza por el lenguaje que usan quienes esta situación conviene.
Es inaudito que en Colombia no haya un frente común contra el delito (asesinatos, secuestros, hurtos, extorsiones, reclutamientos, violaciones, etc) sino contra la “guerra”. Que no haya bandas de delincuentes sino “autodefensas” y “guerrillas”. Que no haya asesinatos, sino “errores en el combate”. Que no haya secuestros, sino “retenciones” (¡de años!). Por eso no debería extrañarnos que ahora el máximo jefe de la banda Farc, perdón, “partido Farc”, niegue lo innegable. Obran cartillas repartidas por Farc donde se evidencia que la formación para la revolución empezaba a los cinco años. Tampoco debería extrañarnos que haya todo tipo de personas haciendo política o escriban columnas de prensa diciendo que las “autodefensas” o “guerrillas” actúan por el pueblo, cuando nunca han mostrado una escuela construida o arreglada por ellos, la ayuda a un campesino a cultivar o arrear su ganado, la construcción de un canal de riego, un hospital pintado o dotado, siembra de árboles o construcciones de puestos de salud.
Los que de verdad y sin ambages queremos la paz, con toda razón nos preguntamos: ¿a quiénes sinceramente les conviene que siempre haya organizaciones criminales con las cuales negociar los delitos? ¿hasta cuándo vamos a transar con la ética? ¿hasta cuándo haremos las cosas iguales? ¿hasta cuándo justificaremos lo injustificable?...¿hasta cuándo?
