Coca, cifras e injusticia
Hace poco, en una conversación de empresarios en Bogotá, alguno trajo la información sobre que mientras en 1960 el PIB per cápita de Corea del Sur era de 158 dólares al año, el de Colombia era de 245. Y ya en 2016, el de Corea del Sur es de 25.358 y el de Colombia de apenas 5.805. Qué transformación en 56 años.
Para nosotros este período coincide con la de dejar que las bandas delincuenciales hagan de las suyas. Pues este indicador, junto al del aumento sin cesar de la migración del campo a la ciudad, el de la impunidad, y el del aumento de la delincuencia, relacionados, arroja una explicación sobre por qué Colombia, uno de los dos países más mega diversos en especies bióticas del planeta y uno de los de mayores riquezas naturales (incluidas las mineras). Que Colombia no tenga la voluntad real y sea capaz de llamar al delito por su nombre, combatirlo y juzgar a los delincuentes le ha traído y traerá muchos males: el más notorio de todos, la corrupción.
Parece que por iniciativa del Gobierno y sobre un borrador que internamente propuso el Ministro de Justicia, Enrique Gil Botero, se pretendió presentar un proyecto de ley en el que se tornaba excarcelable la tenencia de cultivos de coca cuando la extensión no supere las 3,8 hectáreas. Es decir, 38.000 metros cuadrados. Los estudios colombianos que coinciden con los de la ONU y los Estados Unidos, confirman que los cultivadores que suministran a los transformadores y narcotraficantes son pequeños propietarios pues es más fácil que no los procesen o lo hagan con penas bajas o puedan parapetarse entre sí.
No se sabe qué es más absurdo: que el propio Gobierno, encabezado por la cartera que debe ocuparse de hacer efectiva la Justicia, presente un proyecto como este (es decir la forma) o el contenido y alcance mismo del proyecto (es decir la materialidad o sustancia pretendiendo permitir lo ilegal).
No atina quien representa al Estado en el sector Justicia, es precisamente eso: la instrumentalización legal de quienes cometen delitos y contravenciones. Esto no es haciendo normas, omitiéndolas, dejando de aplicarlas o distinguiendo entre quienes deben aplicarse; esto es todo lo contrario, sometiendo sin cesar al infractor. Esto requiere entender que lo que se le salió de las manos y cada vez se confirma como la mayor causa de estado en las encuestas de los actuales gobernantes, es justamente el estar cediendo frente al delito y la contravención.
Si algo genera corrupción es que se hagan distinciones entre lo informal y lo ilegal, y entre uno y otro para someterlo y juzgarlo en este país.
Necesitamos coherencia y constancia para no ceder a la violación normativa. ¡No hay que cejar nunca!
