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Opinión/ Creado el: 2018-01-31 12:28 - Última actualización: 2018-01-31 09:14

Ciudad apocalíptica

Escrito por: Jesús Andrés Vargas
 | enero 31 de 2018

Sin tener que viajar en una maquina del tiempo a un futuro distópico, la vida en una tierra sin agua ya puede ser documentada en la actualidad.

Por supuesto, no me refiero a las zonas áridas del planeta como el desierto de Atacama, el Sahara o la misma Guajira, sino a una región del planeta que hasta hace poco gozaba de agua corriente como cualquier otra ciudad moderna del planeta.

Me refiero a Ciudad del Cabo, en Sudáfrica, una de las tres capitales de este país diverso y con una historia rica y a su vez dolorosa, el hogar de Mandela, pero también del Apartheid.

Ciudad del Cabo, está ubicada en el extremo sur del país, y por ende en la zona mas meridional de todo el continente Africano, en las costas del océano Atlántico. Los que la han visitado podrán dar fe de su increíble belleza, no sólo por su geografía sino también por su arquitectura y gente

Su área Metropolitana llega a los dos millones y medio de habitantes y para abril se augura la llegada de la temible Hora cero,  momento en que las autoridades de la ciudad pronostican no habrá una gota de agua bajando por los grifos de las casas.

La Sequía vivida en Ciudad el Cabo, ha sido la peor en 100 años y pareciera no ceder, los pantanos y aguas de poca profundidad que alimentan la red de acueductos no se han podido recuperar y a pesar de los esfuerzos realizados por la alcaldía de la ciudad de imponer sanciones a los derrochadores de agua, la ausencia del preciado líquido es inminente.

En nuestro preciado trópico, en dónde esta imagen pareciera ser muy distante, ya hay varias alertas amarillas. Los inviernos son cada vez mas fuertes, pero así mismo las sequias, los periodos conocidos como EL NIÑO y LA NIÑA serán mas prolongados  contribuyendo a la  desertificación.

Al habitar en zona ecuatorial, la constante presencia de luz solar sumado al incremento de los gases de efecto invernadero han generado una reducción drástica en los glaciares de nuestros nevados. Los abuelos son testigos de la disminución de los cauces de los ríos y si adicionamos a este coctel mortal, el manoseo de las empresas petroleras a nuestros páramos, un futuro apocalíptico, nos estará tocando a la puerta en menos de lo que pensamos. 


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