miércoles, 01 de abril de 2026
Opinión/ Creado el: 2020-07-03 01:56

Censura al mal ejemplo

Escrito por: Ernesto Cardoso Camacho
 | julio 03 de 2020

Desde el comienzo de las organizaciones sociales se establecieron reglas y condiciones dirigidas a garantizar la convivencia pacífica y armónica  que han trascendido al paso de los tiempos.

Una de ellas es la moralidad ética y social referida al ejemplo como conducta humana que trasciende la esfera personal y se irriga en el ámbito familiar y social, con el cual se afianzan usos y costumbres que reflejan los valores y principios que caracterizan a la humanidad en su permanente evolución.

Es comprensible, aunque no justificable, que los avances científicos, tecnológicos, económicos, sociales y culturales que ha experimentado la humanidad, hayan modificado ciertos usos y costumbres que asimilen las transformaciones derivadas de dicha evolución natural. No obstante, es evidente que a pesar de las ideologías políticas, siempre permanecerán inmutables los principios y valores éticos y morales que le dan plena justificación al ser humano para realizarse como ser social.

En este contexto es que adquiere enorme importancia la conducta humana de actuar conforme a tales valores y principios, los cuales se trasmiten de generación en generación, sin que la dinámica de los usos y costumbres que van asimilando los nuevos fenómenos sociales de la natural evolución humana logren desvirtuarlos, pues son sencillamente inmutables y por ello mismo,  garantizan que, independientemente de las ideologías y sistemas políticos o regímenes de gobierno, se mantenga la sana convivencia.

A propósito, vale recordar algunas de las que bien ilustran al respecto.  “Mi derecho termina donde comienza el de mi vecino” o “el interés personal debe subordinarse al interés público”.

Con ocasión de la pandemia estamos frente a uno de los múltiples usos y costumbres que llevan implícita una regla de conducta ética y moral con amplia trascendencia social. “Debo cuidarme y así cuido a mi familia y a los demás “.

Reflexionando sobre estos temas que algunos consideran pasados de moda, pero mirados con el criterio de las responsabilidades sociales ahora que todos nos quejamos por la aberrante corrupción de la política y de sus actores; ha causado indignación el confirmarse el cruce de favores burocráticos entre el Fiscal y el Contralor, a través de sus respectivas esposas; pues la del Fiscal ocupa un alto cargo en la Contraloría y la del Contralor, a su vez, lo hace en la Fiscalía. Pero además, acaban de pasar las dos parejas el reciente puente festivo en San Andrés, usando bienes públicos de transporte y con la peregrina justificación de que estaban trabajando y no de descanso.

La indelicadeza ética y moral de su conducta es un pésimo ejemplo dado que los dos son las cabezas institucionales de organismos del Estado cuya misión es precisamente defender el patrimonio público y judicializar a quienes incurren en conductas indebidas.

En el propósito de la indispensable objetividad debe reconocerse que algunos han afirmado, lo que parece ser cierto; que la esposa de uno de ellos lleva cerca de 10 años vinculada y que la otra es una funcionaria de grandes capacidades profesionales, hechos que no ofrecen discusión.

El asunto es de valoración ética y moral en relación con el mal ejemplo social que de tal realidad se desprende. Ambas profesionales tienen pleno derecho a ejercer un cargo público. Pero es de muy mala presentación por tratarse de los organismos que dicen estar luchando frontalmente contra la corrupción En una sociedad caracterizada por la inequidad social y la falta de oportunidades, estos hechos generan indignación y merecido rechazo.

Deberían renunciar a sus cargos y buscar otras opciones laborales en las cuales pudiesen aportar sus capacidades y experiencia, liberando así a sus conyugues de una innecesaria e inconveniente censura por el pésimo ejemplo que están ofreciendo, el cual, de paso, les resta credibilidad y confianza.