Celebramos el mal
El mundo a lo largo de geografías y culturas, infortunadamente, ha vivido el mal moral. El mal no perjudica a Dios, perjudica al hombre. El hombre resulta víctima de su propio invento. Es paradoxal que el hombre rechace el mal que le hacen y, sin embargo, emplea la misma arma frente a sus semejantes. ¡Qué ironía, el hombre resulta el mayor enemigo del hombre! El mal en la ciudad secular de hoy -ciudad sin Dios-, tiene una connotación muy especial: el hombre se ha descarado haciendo el mal, se ufana de él.
Esto no es nada nuevo, ya el libro Santo nos dice: “¡Ay de los que llaman al mal bien, y al bien mal; que dan oscuridad por luz y luz por oscuridad, que dan amargo por dulce y dulce por amargo!”. Presentemos una pequeña radiografía al respecto del hecho cultural que nos atañe. Hoy al ladrón se le dice vivo y, al honesto, bobo; hoy es una hazaña robar, ya no se llama robo, se le llama “viveza”; el hombre fiel en su vida afectiva, se le considera tonto; si usted pasa por un cargo como ordenador de gasto y no “aprovecha” ese “cuarto de hora”, resulta el más estúpido de la vida. Pareciera que la honestidad es un artículo difícil de encontrar.
Hoy la gente se ufana del mal: respetar las normas de tránsito, ¡no, qué pendejada! Por favor, busque el atajo; vaya siempre con la ley de la ventaja: lo angosto para usted y lo ancho para mí. La autoridad mientras más permisiva sea, tiene más aplausos. Sea un educador exigente, claro, dando ejemplo y, verá los múltiples problemas en que se mete: las tutelas le caen y es trasladado y echado al olvido. Pareciera que el mal campea por la ciudad humana. Defiéndase de un ladronzuelo y verá que quien va a la cárcel es usted; pida que le bajen el volumen a ese equipo de sonido estridente o, es agredido o, hasta ajusticiado.
En muchos ambientes reina la ley de la jungla: sálvese quien pueda. No es raro encontrar que la justicia está a favor del delincuente. El ciudadano que paga impuestos resulta el más indefenso en esta sociedad en donde el Estado resulta simple espectador de los acontecimientos. Bueno, no me quedo en esta lectura catastrófica de los hechos del diario vivir. No hay mayor satisfacción que practicar el bien. Si hay algo hermoso es tener la conciencia tranquila.
El pillo puede tener muchos momentos de “felicidad”, pero al final de la quema se ve el humo. Al malvado un día le llega la cuenta de cobro y con creces. Dios no está de vacaciones, Él todo lo ve, nos da muchas oportunidades y siempre está dispuesto a perdonarnos, pero si usted no acepta, a pesar de la insistencia de Dios, asumirá las consecuencias a la hora de la muerte. No deje para mañana lo que puede hacer hoy. Tenga cuidado cuando pasa el tren, si no se sube, ya no volverá. Como dice el libro Santo: “¿De qué le sirve al hombre ganar el mundo entero si al final pierde su alma?”.
