Cavilando
Han pasado 25 navidades de estar escribiendo estas letras. Escribía entonces que Colombia alcanzaría la paz pero aún faltaba poner una cuota de lágrimas y sangre. El estigma de país de guerrillas violentas estaba dando al traste con cualquier proyecto social que el gobierno de turno propusiera.
Han pasado 25 navidades, era la época de Gaviria, de la constituyente, de la apertura, de la guerrilla violenta unida al narcotráfico, de los criminales clanes y Colombia más sumida en su entorno de pobreza. No tenía uno que ser profeta, era sólo cuestión de sentido común refiriendo la historia, convencido de que si aprendes lo que pasó, con frecuencia entiendes lo que podría suceder.
Diciembre de 2017 llegó y con este un silencio de fusiles, un aparente alentador cambio, sin combates, sin heridos ni muertos, pero con una gran desilusión, una renovada clase criminal de temibles milicianos armados de fusil a una clase criminal de políticos y juristas y empresarios armados de corbatas. Una clase infecta y corrupta en la dirigencia y en casi cada servidor público.
Me dice Daniel mi hijo, desde la ideología de lo políticamente correcto, inspirada de por sí en el sentido del respeto hacia todos, -Ernst, cierto es que no debemos callar, pero a los políticos, no los deberíamos llamar así, ni a los juristas, incluso a los milicianos,- querido hijo respondí, entonces si los llamamos como ellos quieren que los llamemos nadie entenderá que quien estamos hablando.
La sociedad y su clase media, bastión del sostenimiento exige individuos nuevos, no contaminados. Se busca un virginal hombre, un mesías que no se incluya en las clases objetadas. Platón en la milenaria sociedad corrupta de Atenas propuso eliminarla al iniciar desde cero con niños menores de 10 años. Aquí ahora la propuesta es obligar a los jóvenes a votar so pretexto de incluirlos en un empleo.
Diferencias milenarias, de intelecto sumo y razón. Los Dioses de ayer y el común dirigente de hoy que pretende seguir anunciando que cura, da de comer y educa, o que hará una revolución productiva, o una renovación programada. Esta navidad como hace 25 años con el mismo sentido común, renunciemos a la utopía de un mañana perfecto.
Feliz Navidad.
