Cavilando
Una arraigada creencia sostiene que las cosas como las personas se conocen a través de su definición. Por estos días los pesebres, nacimientos, belenes etc. están en los hogares del mundo católico.
Algunos ecologistas primero y comerciantes luego intervienen y acolitan el desdén de almas pías, molestas con sus semejantes desinteresados o llevados a otras creencias.
Algunas escuelas, colegios y empresas abandonan las prácticas para no ofender la sensibilidad de quienes piensan distinto. Situación está poco concordante porque es más adecuado gestar espacios a cada uno para que todos puedan aprender de la pluralidad religiosa sin molestar a los demás.
Vamos pasando del nacimiento, los reyes magos, el san Nicolás y el árbol de navidad, este último símbolo del paganismo de las celebraciones nórdicas en la época de diciembre y un tanto desacralizado, divierte por su decoración, colgar bolitas de colores y largas cintas, mucho menos divertido que hacer el pesebre, siempre diferente, con puentes y fuentes, el pueblito y los rebaños, los caminos de la montaña nevada y el desierto ardiente. Yo lo aprendí de niño y aún me vuelvo niño cada año haciéndolo, cada vez me gusta más.
La sociedad mediática prefiere el consumo de violencia, corrupción y senos al aire que la novena de aguinaldos con sus alegres villancicos heredados por habitantes de las villas que armonizaban con melodías su entorno habitual. El pesebre es lo más humano y trascendente que se inventó para recordar y celebrar el nacimiento de Jesús.
El cuadro con estrellas y angelitos en un derruido portal que es miserablemente bello, evoca religiosidad. Cada día de los nueve una historia que conmueve y ayuda a entender la época que incluso provoca nostalgias por la pureza natural y profundidad de amor.
Mientras la tradición consumista de los adornos con luces y colores, el árbol frente a la chimenea donde los renos y el trineo se pierden en la noche de los tiempos, la tradición religiosa del nacimiento, pesebre o Belén, celebra un ambiente y natural, con sus casitas, las ovejas, las gallinas, pastores y aguadores, los camellos, el buey, y el burro, sin duda también lo había.
